Una vez que parece amaina la fiebre informativa de todos los medios de comunicación sobre los “macrobotellones” del fin de semana, daré mi opinión al respecto. He querido esperar para no verme influido por las noticias, las imágenes y el marasmo de tópicos y mitos que durante estos días se han estado diciendo en torno al consumo de alcohol y los jóvenes.
Partiendo de una obviedad: el alcohol -el consumo de bebidas alcohólicas- es perjudicial para la salud, se ha estado demonizando a TODA la juventud con etiquetas del tipo: los jóvenes hoy sólo buscan emborracharse, son unos gamberros y un peligro social, etc. Es cierto que una parte de nuestra sociedad (jóvenes y mayores) bebe mucho pero NO es verdad que TODOS los jóvenes sean unos alcohólicos. Los chicos y chicas que acuden al botellón, en su mayor parte, son bebedores como la mayor parte de la sociedad española; estadísticamente no hacen algo diferente. Lo que sí es nuevo es la forma que usan para realizar ese acto social de consumo de alcohol. Los mayores, adultos con trabajo y sueldo, van a los bares o celebran sus fiestas en los domicilios o clubes sociales. Allí beben, ríen, cantan y ensalzan los valores de la amistad. Los jóvenes, por el contrario, salen a la calle con las botellas compradas en el supermercado, beben de pie con el vaso en la mano y ríen, ligan, cantan,…sin ninguna cobertura, a la sombra de un árbol o en la improvisada mesa de un parque.
Lo que llama la atención no es lo que hacen sino cómo lo hacen. Por una parte, al estar ocupando el espacio público alteran la convivencia normal de los vecinos: hacen mucho ruído, orinan en cualquier parte, estropean el mobiliario urbano… Y, en segundo lugar, criticamos el botellón porque realmente es un espejo de nuestra propia sociedad y claro, al ofrecernos una imagen anodina, negativa, borreguizada, la primera reacción que tenemos es negarla mediante el desprecio. Es lo mismo que cuando nos miramos al espejo del baño y vemos en nuestro semblante un gesto desagradable o una arruga inconveniente. Ante dicha imagen lo primero es negarla: eso que vemos es por culpa del espejo o la luz de la habitación. Y sólo después de muchas mañanas acabamos aceptando que la arruga es nuestra, está en nuestro rostro y ni la luz ni el espejo tienen nada que ver en ello. Con el botellón ocurre algo similar: está reflejando lo que realmente es nuestra sociedad y…. eso no nos gusta!!!
Como no nos gusta tampoco que se reúnan sin nuestro consentimiento (sin nuestra tutela como adultos y personas supuestamente responsables y educadas). O es que cuando ‘alguien’ organiza un macro-concierto de un grupo musical de moda la gente sólo va a oir música. ¿es que los asistentes sólo comen palomitas y beben fanta?…. Pero entonces nadie dice nada. Si el macrobotellón tuviera otro nombre y fuera en un campo de fúltbol organizado por un Ayuntamiento para competir con el Ayuntamiento de al lado seguramente estaríamos hablando en otros términos ¿O no?.
Y no voy a terminar sin admitir que una parte de los jóvenes son violentos, maleducados, gamberros pero seguramente no en mayor número que los adultos. Ya sé que ningua persona en su sano juicio se pone a ‘mear’ en una esquina ni tira un contenedor de basura por el suelo ni va rompiendo escaparates. Ninguno de estos comportamientos tiene justificación ni disculpa. Y quien cometa esas tropelías debe acabar en los tribunales pero no hablemos del “todo” sólo tomando como representativa una parte.
Otra cosa diferente Y NECESARIA de esta nueva era tecnológica que vivimos es que valoremos la formación, la educación, los valores, los ideales, las creencias, los miedos, las salidas profesionales, los gustos, las modas, los hábitos que nosotros los adultos damos, trasladamos, ofrecemos, vendemos transmitimos, enseñamos, fomentamos a los jóvenes. Pero eso es harina de otro costal y no conviene mezclar botellón con juventud, alcohol con jóvenes, sociedad mediatizada con reuniones de chavales.