FACTORES DE RIESGO Y FACTORES DE PROTECCIÓN

La investigación ha puesto de manifiesto un numeroso conjunto de factores de riesgo y protección, tanto de carácter individual, social y familiar, cuya presencia aumenta la probabilidad de que un sujeto llegue a consumir drogas o por el contrario no las consuma; así­ mismo, se han formulado diversas teorí­as que dan cuenta a los factores de riesgo y protección y el tipo de interrelaciones que puede darse entre estos, es decir, que los factores no actúan de manera aislada sino que interactúan con el resto de factores, dando lugar a complejas influencias entre sí­ difí­ciles de prever.

De otro lado la presencia de un mayor numero de factores de riesgo o protección van a hacer que la probabilidad de la conducta aparezca con mayor o menor intensidad.

Existen factores de riesgo generales, es decir, que se presentan tanto en el hombre como en la mujer. Pero, partiendo del análisis de la bibliografí­a consultada y la experiencia profesional, se hace evidente la presencia de factores de riesgo especí­ficos en la mujer cuya presencia las hace más vulnerables a presentar un problema de abuso de sustancias psicoactivas.

FACTORES DE RIESGO ESPECÍFICOS EN LA MUJER

Centrándonos ya en los factores de riesgo especí­ficos de la mujer la literatura consultada señala algunos que comentaremos:

Burin (1996), define algunos factores de riesgo que amenazan la salud mental de las mujeres y por lo tanto estos factores también pueden exponer a la mujer al abuso de sustancias, así­ mismo, varios de estos factores han sido estudiados por otros autores.

El matrimonio tradicional constituye un factor de riesgo para la salud de la mujer, en el hombre por el contrario viene a ser un factor de protección.
El trabajo doméstico igualmente se presenta como un factor de riesgo, en contraposición, el trabajo extra doméstica remunerado deviene de un factor de protección para la mujer sobre todo cuando ellas encuentran en esta actividad una satisfacción y confort en lo que llevan a cabo.
La doble jornada de trabajos, de hecho, es otro factor de riesgo sobre todo cuando la mujer es jefe o cabeza del hogar y no cuentan con apoyo de una pareja.
Tener tres o más hijos en casa al cuidado de la mujer también se constituye otro factor de riesgo
Sí­ndrome del nido vací­o, el alejamiento de los hijos del hogar, las mujeres siente que pierden la capacidad de procreación por una parte y por otra ya no tienen a quien dar cuidados.
El carecer de redes de soporte familiar y social, especialmente para mujeres que son cabezas del hogar.
El no mantener una buena comunicación intima y confidencial con su pareja, es otro factor de riesgo.

Forselledo (1996), también escribe acerca de los factores de riesgo especí­ficos de la mujer:

Tensiones psicológicas angustia y depresión
Estrés por presiones sociales negativas
Sobre carga de horarios de trabajo y tareas domestica
Acceso a interacciones sociales asociadas al consumo de alcohol y tabaco
Perdida de valores y protectores familiares para el consumo

Un estudio realizado por el Instituto de la Mujer (2000)Da cuenta de ciertos factores de riesgo en el colectivo femenino, han trabajado los factores de riesgo en cuatro áreas familiar, individual, social y laboral.

Factor Familiar

El abuso de alcohol o drogas por parte del padre o de la madre.
Realizan tareas domésticas después del trabajo
Los problemas económicos que se presentan en la familia
El no tener buena relación con su pareja
Las malas relaciones padre-madre-hijo/as.

Factor Personal

La sensación de agobio o tensión
La sensación de no poder superar las dificultades
Sentimientos de perdida de confianza en sí­ mismo
El fracaso escolar
La insatisfacción personal

Factor Social

El uso de drogas en el grupo
La no participación social
La insolidaridad social
El conocer a consumidores/ras de drogas
La facilidad para obtener drogas
La marginalidad en el barrio

Factor Laboral

Las jornadas de trabajo laboral
La inquietud ante el futuro laboral
El agobio por el estrés en el trabajo
El cansancio intenso después del trabajo
Los trabajos a destajo o alto rendimiento
La excesiva importancia del dinero
La mala situación contractual
La insatisfacción en la función o trabajo
La insatisfacción con el trato recibido.

Extraí­do de la Revista Proyecto Hombre

Otros datos reflejan:

1. Mayor vulnerabilidad fí­sica al alcohol y las drogas

Al parecer las mujeres son más vulnerables al consumo de alcohol ya que sus efectos son mayores y esto es debido a proceso de metabolización del alcohol, las mujeres presentan menos enzima deshidrogenazas que ayudan a procesar el alcohol por eso a cantidades iguales de alcohol en hombres y mujeres, ellas se embriagan más rápido.

Otras investigaciones reportadas por el Instituto Nacional sobre Drogas de Estados Unidos – NIDA (2000), refieren que los niveles más altos de cocaí­na en la mujer pueden tener como resultado una conducta que se caracteriza por la búsqueda más intensa al consumo de drogas, especí­ficamente la cocaí­na y hacer mas difí­cil que las mujeres que están bajo tratamiento dejen de consumir (Cunningham y cols. Lynch y cols).

2. Problemas en el Autosistema:

Bajo nivel de Auconcepto: esto tiene que ver con la percepción fí­sica y el valor que las mujeres le dan a su cuerpo, un bajo autoconcepto puede traer inclusive problemas de anorexia y bulimia que se presenta como un problema más unido al consumo de alcohol y drogas.

Baja autoestima: este factor tienen que ver con la capacidad que tienen las mujeres de valorarse y en el reconocimiento de sus limitaciones y potencialidades, muchas mujeres tienen una autoestima disminuida ya que basan su desarrollo personal por cuanto pueden conseguir y sentir a través de terceros, sea la pareja, hijos, madre, amigos, etc. De otro lado para las mujeres la relación de pareja continúa siendo la carrera femenina más deseada y valorada: un hombre debe forjarse su destino, porque esto le asegura una relación amorosa con la mujer, pero su destino le pertenece, dado que es un atributo de su inteligencia, de su capacidad. Si en su vida sufre un desengaño amoroso o una pérdida afectiva, puede ser muy dolorosa, pero generalmente no se pone en riesgo su autoestima. Si la autoestima de las mujeres se construye desde la capacidad de crear y mantener relaciones vinculares afectivas, la perdida afectiva las deja vulnerables y frágiles y predisponentes a desarrollar un comportamiento evitativo al dolor y al rechazo.

Autoeficacia: Viene a ser la capacidad que tienen las personas de operar cambios en si mismo y en su entorno, en la mayorí­a de los casos esta capacidad en las mujeres se encuentra valorada por el hecho de ser “buena madre”, “buena amiga”, “buena esposa”, etc., más que por los logros personales que ella pueda conseguir, pero cuando no cumple las expectativas para las cuales ha sido educada y criada esta capacidad se ve desvalorizada por su entorno y con mayor dureza por ellas mismas lo que se convierte en un factor de riesgo importante.

3. Relaciones Adictivas - Codependencia

Un número importante de mujeres han desarrollado problemas de abuso de sustancias psicoactivas por acompañar a sus parejas, o con la fantasí­a de que, consumiendo juntos consumirá menos y se harán menos daños o la pareja dejara de consumir, por que no desean que ella consuma. Muchas mujeres tienden a establecer y perdurar en relaciones afectivas en las cuales predomina el sufrimiento, el sometimiento, la falta de reciprocidad (la espera de la llamada telefónica, el manipular la relación para no separarse), y se vuelven codependientes de la relación. Lo real es que este factor tiene un correlato en la forma de crianza o lo que ha podido observar de la familia y en especial de la madre cuando niña o adolescente, ya que probablemente, el padre o hermano halla sido consumidor y la madre codependiente.

4. Acoso o abuso sexual

Muchas mujeres que consumen drogas manifiestan haber sido ví­ctimas de acoso o abuso sexual inclusive de violaciones por parte de un familiar cercano que puede ser el padre, o algún otro miembro de la familia. (Hurley, 1991; Orrok, 1992). Así­ mismo Hurley (1991), Russell (1984) y Wilsnack (1984) pusieron de manifiesto que el abuso sexual durante la infancia es el principal factor por la que las mujeres buscan ayuda por problemas relacionados con el abuso de sustancias, violencia familiar, violación, emociones, matrimonio y relaciones. Paone (1992) refiere que algunas mujeres que han sido ví­ctimas de abuso sexual, ingieren alcohol y drogas como un mecanismo de defensa, así­ como se automedican para aliviar los sentimientos de ansiedad, culpa, miedo y cólera que son resultado de la violencia.

5. Aceptación al sentimiento de rabia

Los sentimientos de rabia en las, mujeres, por lo general, no encuentran legitimación social necesaria para su clara percepción y su expresión. Esto conlleva a múltiples formas caprichosas inconsistentes y desproporcionadas de existencia de este sentimiento en la subjetividad femenina, tales como: la inhibición, que a su vez conlleva la restricción social, y la represión que conduce a somatizaciones y a la autoagresión.

“La rabia que no puedo expresar contra el otro, en tanto, en cuanto, yo debo estar con y para el otro, y no contra el otro; se devuelve contra sí­ misma”.

Las mujeres tenemos fama de histéricas, exageradas, descontroladas emocionalmente, la hostilidad latente no expresada muchas veces suele ser esa rabia contenida y desplazada que no es entendida por nadie, tampoco por la mujer que la siente, dado que no sabe de donde proviene, por ende cuando sale de esta forma desmedida, la reacción de la mujer suele ser la culpa y el autoreproche. Al hombre rabioso se le teme a la mujer rabiosa se le rechaza aunque se le tema. (Lara, 1998).

6. Agresiones y los actos violentos

Muchas mujeres son ví­ctimas de violencia por parte de sus parejas, se han realizado diversos estudios que dan cuenta de este problema, especí­ficamente la violencia intrafamiliar, presentándose como un factor potencial de riesgo, para el consumo de alcohol o drogas como una manera de sobrellevar o evadir las agresiones, En este aspecto la violencia contra la mujer en el hogar es, estadí­sticamente, la que mas se presenta como problemática en muchas partes del mundo y tiene diferentes matices. Forselledo (1996) refiere que las drogas se convierten en un refugio o escape para sobrellevar situaciones de violencia en la familia.

FACTORES PROTECTORES.

En la mayor parte de la literatura consultada observamos que se hace muy poca, casi ninguna referencia a los factores protectores especí­ficos para la mujer, aun siendo importante el tener conocimiento de cuales son estos factores que se presentan en las mismas; estos no han sido muy estudiados, sin embargo, intentaremos realizar un acercamiento a los factores protectores que intervienen para que las mujeres no lleguen a desarrollar dependencias significativas en el consumo de sustancias sobre todo con las denominadas drogas ilegales.

“Aparentemente algunos rasgos de identidad de género han podido jugar un papel importante en la protección de las mujeres. Así­, por ejemplo el riesgo como valor tradicionalmente masculino ha separado a muchas mujeres de consumo de sustancias psicoactivas mas arriesgadas, acercándolas a dependencias más aceptables como el consumo de benzodiazepinas”. (Palop, 2000)

Otro factor protector importante es la inserción laboral o social, muchas mujeres necesitan de las relaciones interpersonales para poder sentirse seguras, tienen la necesidad de referentes que las contengan, el pertenecer a grupos sociales en donde ella pueda desenvolverse y desarrollarse sintiéndose segura, va a ser contribuir en la autoestima, así­ mismo el trabajar y sentir independencia, el ganar dinero y sentir que puede contribuir con la economí­a de la casa, hace que la mujer se sienta que bien.

El impacto que causa el uso de sustancias psicoactivas en mujeres se produce de muchas maneras, que son únicas del género. En la revisión bibliográfica encontramos aspectos generales que señalaremos a continuación:

La salud fí­sica de las mujeres se encuentra más severamente afectada y en un perí­odo más corto de tiempo por el abuso intensivo de la sustancia. Las mujeres alcanzan niveles más altos de alcohol en sangre. Hill (citado en Schliebner, 1994) reporto que la regular duración de exceso de bebidas da antes las primeras señales de desórdenes del hí­gado, hipertensión, obesidad, anemia, desnutrición, hemorragia gastrointestinal y úlceras que requieren la cirugí­a, y es corta para las mujeres (1994:513). Otros efectos de salud incluyen riesgo de VIH, osteoporosis y enfermedad coronaria (Finkelstein et al., 1997). Las mujeres son más vulnerables a los efectos de salud de otras drogas como el tabaco y benzodiazepinas.

La fisiologí­a reproductora de las mujeres se observa singularmente mas afectada y esto se da por el abuso de la sustancia. Las bebedoras excesivas pueden afectar el ciclo menstrual, el desarrollo fetal, nacimiento del niño, la menopausia y sensibilidad sexual (Finkelstein et al., 1997).

Entre las mujeres, los desórdenes de salud mental se encuentran normalmente asociados con la exacerbación por el abuso intenso de la sustancia. Casi dos tercios de mujeres alcohólicas presentan problemas de salud mental (Halzer y Pryabech citado por Beckman, 1994). Los desórdenes más comunes son ansiedad, depresión, fobias y trastornos de pánico. Las mujeres alcohólicas también informan haber experimentando mayores sí­ntomas depresivos (aunque el alcohol tiene un efecto depresor). Sin embargo, los sí­ntomas depresivos pueden persistir después de la sobriedad (Turnbull y Gomberg citado en McCrady y Raytek, 1993).

Mujeres que abusan de sustancias están en un riesgo mayor de pensamientos de suicidio y llevarlo a cabo (Finkelstein, 1997).

Mujeres que abusan de sustancias normalmente experimentan trastornos sexuales. La prevalencia estima que el trastorno sexual es de 20% a 100% (Acherman citado en Beckman, 1994b). Segun Wilsnack et al. (Citado por Finkelstein et al., 1997), el trastorno sexual en las mujeres es uno de los predictores más fuertes del problema de un consumo de alcohol continuo. El impacto de las sustancias en el funcionamiento sexual puede variar según las sustancias usadas.

Mujeres que emplean sustancias experimentan una baja autoestima (Gomberg, 1996).

Otros desórdenes de salud asociados con el uso de sustancias psicoactivas. Los desórdenes de la alimentación, particularmente la bulimia, la anorexia y frecuentemente en el caso del consumo de alcohol la mala nutrición (Peverler y Fairburn citado en McCrady y Raytek, 1993).

Caracterí­sticas especí­ficas que aparecen en mujeres que consumen alcohol y otras drogas. í‰stos son causativos y no son factores asociados:

Un alto í­ndice de abuso sexual en la niñez. La proporción de abuso sexual es más alta en mujeres que tienen problemas de consumo de alcohol que en la población general. Las estimaciones del í­ndice de incesto, por ejemplo, van de 12% a 31% (Young, 1990; Beckman y Acherman citado en Beckman, 1994).

Un alto í­ndice de maltratos. Mujeres que consumen alcohol han tenido una historia de violencia fí­sica y psicológica (Thom, 1986 y Smith, 1992 citado en Schober y Annis, 1996). En un estudio de 472 mujeres (entre 18 - 45 años), Miller et al. (1993) concluyó que hay una unión fuerte entre la violencia de género (esto ultimo ha sido puesto por la autora de este articulo) y el desarrollo de problemas de consumo de alcohol en adultas.

Una de las diferencias más importantes entre los hombres y las mujeres es que ellos identifican las diferentes razones para consumir drogas o alcohol. Las mujeres ven el consumo de drogas y/o alcohol como una forma de cubrir una crisis o problemas personales. Esta percepción determina su definición de “problema”, la identificación de necesidades y su acercamiento a buscar ayuda.

Para entender la importancia que tiene estudiar, analizar, investigar, comprender y sobre todo desarrollar programas de prevención y tratamiento “sensibles a las cuestiones de género”; es importante a mi manera de observar esta problemática, desarrollar conocimiento con respecto a lo que significa conocer y comprender el campo de la salud mental de las mujeres y trabajar con perspectiva de género en las drogodependencias.

Una razón empí­rica valida para prestar atención a las diferencias en la salud entre mujeres y hombre es que no cabe duda que existen diferencias. Es importante distinguir entre los posibles factores biológicos y sociales para analizar no solo las diferencias, sino, también, las semejanzas en cuanto a la salud puedan darse entre mujeres y hombres.

Ya que aún es necesario que las profesiones que tienen que ver con la salud en general -y en particular el de la salud mental y las drogodependencia-, reconozcan las consecuencias ampliamente difundidas y profundas de las inequidades basadas en el género en materia de salud. Iremos analizando diferentes aspectos que tienen que ver con Integrar la perspectiva de género en la salud y el cuidado de la salud:

Burin (1998) nos presenta una reseña histórica acerca de los estudios de género, en la que describe ampliamente como es que se ha trabajado este concepto a lo largo del tiempo

Ella refiere, citando a otros autores que el termino género tiene sus raí­ces iniciales en la década del los 50 y fue desarrollado por el investigador John Money (1955) quien propuso el termino “papel de género”, para describir el conjunto de conductas atribuidas a los varones y a las mujeres.

Plantea así­ mismo que fue Robert Stoller (1968), quien estableció más ní­tidamente la diferencia conceptual entre género y sexo, basándose en sus investigaciones. En la que hace una diferenciación entre “sexo” y “género”; quedando determinado como: sexo, se reserva mayormente para hacer referencia a las diferencias biológicas y la construcción natural entre el hombre y la mujer, mientras que el término género, se utiliza para identificar las caracterí­sticas que socialmente se han venido construyendo acerca del rol y las funciones que cumple tanto lo femenino como lo masculino en contextos especí­ficos

Existe un análisis de la categorí­a del género los cuales arriban a las siguientes caracterí­sticas:

1. Es siempre relacional, nunca aparece de forma aislada sino marcando su conexión. No se refiere solamente a mujeres o a hombres aisladamente, si no integra las relaciones entre unas y otros y como estas relaciones se van construyendo en el ámbito social.

2. Es jerárquica, las diferencias que se establecen entre hombres y mujeres tienden a atribuir mas importancia y valor a las caracterí­sticas y actividades asociadas con lo masculino que con lo femenino, para Burin (1998) hasta ahora, en los estudios de género se ha puesto énfasis en que tales relaciones son de poder (para Jane Flax (1990) se trata de relaciones de dominación). La mayorí­a de los estudios se han centrado en la predominación del ejercicio de poder de los afectos en el género femenino y el poder racional y económico en el género masculino.

3. Es histórica, se nutre de elementos mutantes en el tiempo y el espacio y, por tanto, susceptibles de modificación a través de intervenciones, para tener en cuenta es que se trata de una construcción histórico-social, ósea que se fue produciendo a lo largo del tiempo de distintas maneras. Algunas historiadoras, como R. Pastor (1994), citada por Burin, señala que el discurso histórico ha implicado relaciones de subordinación en las relaciones del género, como un peso muy importante otorgado a instituciones tales como religión, criterios médicos y cientí­ficos, y aparatos jurí­dicos.

4. Contextualmente especí­fica, las intensas profundas variaciones al interior de la historia y la geografí­a categorí­as marcadas por clase social, etnia, edad y nivel educativo, por ejemplo subrayan la necesidad de incorporar la perspectiva de la diversidad en el análisis de género, pese a los denominadores comunes que definen y relacionan los géneros a través del tiempo y el espacio.

5. Institucionalmente estructurada, no sólo se refiere a las relaciones entre hombres y mujeres en el ámbito personal y privado, si no a un sistema social que se apoya sobre valores, legislación, religión, etc.

Por lo antes expuesto, tenemos que GENERO puede entenderse como la red de sí­mbolos culturales, conceptos normativos, patrones institucionales y elementos de identidad subjetiva que diferencia a los sexos al mismo tiempo que los articula dentro de relaciones de poder sobre los recursos a través de un proceso de construcción social.

Una de las ideas centrales, desde un punto de vista descriptivo, es que los modos de pensar, sentir y comportarse de ambos géneros, más que tener una base natural e invariable, se deben a construcciones sociales y familiares asignadas de manera diferenciada a mujeres y a hombres. Por medio de tal asignación, a partir de estadios muy tempranos en la vida de cada infante humano, unas y otras incorporan ciertas pautas de configuración psí­quica y social que dan origen a la feminidad y la masculinidad. Desde este criterio descriptivo, el género se define como la red de creencias, rasgos de personalidad, actitudes, valores conductas y actividades que diferencian a mujeres y a hombres.

La perspectiva del género esta ligada a muchos campos de aplicación como por ejemplo, la educación, la legislación, las prácticas médicas lo cual nos ayuda a ampliar la perspectiva de dónde y cómo poner a operar los conocimientos de género en las diversas disciplinas

Por el “Dí­a Internacional de la NO Violencia contra las Mujeres”

Extraños intrusos que mureden nuestras vidas y se alojan en el alma no habitada;

Extraños intrusos que caminan en las noches, agazapados entre las sombras;

Intrusos que nos llenan de su miseria, de sus ideas suicidas;

Extraños intrusos que ingresan sigilosamente sin pedir permiso y se quedan;

Extraños intrusos que se adueñan de nuestras vidas…

Hay que trabajar mucho en este mundo para que no hallan más mujeres maltratadas, ni más mujeres muertas.

Presentación

Es interesante observar el esfuerzo que se viene desarrollando por incorporar la perspectiva de género en el ámbito de las drogodependencias, como cada vez más profesionales psicólogas/os, psiquiatras, antopólogas/os, trabajadoras/es sociales, educadoras/es, realizan investigaciones, escriben y publican acerca del tema, se elaboran manuales, tratan el tema en congresos, seminarios, jornadas, etc,. y desde la prevención y el tratamiento se hacen esfuerzo por incorporar programas sensibles a las cuestiones de género. Sin embargo, a pesar de todos estos esfuerzos se observan que los estudios sobre las mujeres y el consumo de sustancias son escasamente desarrollados y las necesidades especí­ficas de las niñas, adolescentes, mujeres jóvenes y adultas no son suficientemente considerados. Mi idea es poder contribuir con un granito de arena desde este espacio, en el desarrollo de un análisis sistemático de lo que significa incorporar la perspectiva de género en la salud de las mujeres y especí­ficamente las drogodependencias.

Desarrollare en un primer momento, lo relacionado con el campo de la salud mental de las mujeres, los cambios que se han venido dando, de la incorporación de la perspectiva de género, de los estudios realizados y como nos encontramos hoy por hoy.

Les dejo una pregunta ¿Por qué necesitamos pensar en género para llevar a cabo un trabajo en el ámbito de la salud?