por yoyomismo » 05 Feb 2012 00:30
No me gusta llorar. Menos aún cuando sé que la responsabilidad de todo es mía. Lo considero un signo de inmadurez. Con todo, lo hago muy a menudo. Esta no es la excepción. Para más vergüenza, seguramente me pondré poético, para acentuar el dramatismo.
He sido víctima de los estragos que el alcohol puede causar. He vivido, y vivo, una adicción a una sustancia legal de una forma mucho más intensa de lo habitual, el tabaco que tanto odio y que soy incapaz de quitarme de encima. He conocido a personas que han perdido la inocencia y penan por la cocaína. Debería haber escarmentado, sé de sobra lo que las drogas pueden hacer a uno y a los de alrededor, sé lo que es una adicción, sabía que si probaba la cocaína, no la iba a dejar salir de mi vida.
Lo hice. No he durado ni un asalto. No hay fines de semana como excusa de por medio, porque rara vez salgo de noche. Desde el viernes de la semana pasada, sólo he dejado de consumir el lunes y el martes. Vale, lo hice, pero, ¿por qué lo hice?
No hay respuesta clara. Es complicado saber por qué una persona que conoce todos los riesgos de una determinada sustancia, decide un día comenzar a tomarla. Supongo que no tenía nada que perder, o nada que yo creyera que merecía la pena conservar. ¿Familia? mis padres y mi hermano, y no me llevo nada bien con ellos. ¿Pareja, amigos? No tengo nada de eso, y si lo tengo viven todos tan lejos que es como si no los tuviera. ¿Empleo, estudios? Paso demasiado tiempo comiéndome la cabeza como para mantenerlos. ¿La vida? No tiene tanto valor como me dicen.
Se acabaron los gramos, ni uno me queda. Sé lo que viene ahora. Lo sé, porque en todo este tiempo, no me he quitado de la cabeza la cocaína. Incluso en mi reproductor no hacen más que sonar canciones relacionadas con la droga. Aguantaré, quién sabe, dos días. Más de lo que puedo aguantar con el tabaco, seguro. Después, volveré a llamar. Podría borrar del móvil al traficante, como he borrado a tantas otras personas. Me engaño a mí mismo, no lo haré. Y, si lo hiciera, me las arreglaría para contactar con gente que me condujera a puntos de venta.
Hablo mucho, parece que lo sé todo de la vida. Pero, en realidad, ni siquiera sé para qué escribo esto. Porque lo que sí sé, es que nada de lo que me digan me va a hacer cambiar de opinión, que no voy a dejar de hacerlo hasta que de mí no quede ni media sombra. Y ni siquiera sé si después lo lograré. Si no he conseguido dejar el tabaco, ni mantener un empleo, ni afrontar la vida incluso en los malos momentos... ¿cómo voy a ser capaz de dejar esto?