En los últimos años la idea del desarrollo de fármacos que reducen la recaída en drogodependientes ha aumentado el interés por el craving. El craving se define como el deseo intenso de consumir drogas.

Craving es un término anglosajón y su significado en el diccionario inglés Webster’s New World College Dictionary, 4ª edición es intense and prolonged desire que se puede traducir como el deseo intenso y prolongado de consumir una determinada sustancia.

Durante años, el concepto del craving ha ido variando. La OMS inicialmente lo definió como un componente del síndrome de abstinencia, como un fenómeno fisiológico que se manifestaba inmediatamente después de la interrupción de periodos prologados de alto consumo. Pero en la práctica, el término se utiliza para describir la pérdida de control sobre el consumo del alcohol, independiente del momento del consumo.

En la década de los sesenta y setenta se han realizado muchas investigaciones sobre las causas y las consecuencias del craving. El concepto del craving como un fenómeno fisiológico causante de la pérdida de control sobre la bebida no era defendible y, el debate científico inspiró la creación de tres tipos de teorías que tratan de explicar las funciones del craving: las teorías homeostáticas, las teorías basadas en el efecto incentivo y las teorías cognitivas.

Las teorías homeostáticas proponen dos tipos de modelos: los modelos de abstinencia y los modelos condicionados. Los modelos de abstinencia consideran el craving como una consecuencia de un estado de desequilibrio homeostático del organismo asociado al síndrome de abstinencia, siendo su función la de restablecer el balance. Sino, la abstinencia provocaría un serio malestar físico y psicológico.

Los modelos homeostáticos condicionados asumen que el consumo repetido de una sustancia se relaciona con la presencia de ciertos estímulos contextuales y así, el organismo emite respuestas condicionadas compensatorias, que por su parte, provocan el síndrome de abstinencia. Las respuestas condicionadas están fuertemente asociadas a estados de ánimo negativos, que según las teorías cognitivo-conductuales, pueden convertirse en estímulos condicionados y provocar el craving. Según esta teoría, el craving se considera un tipo de respuesta condicionada.

Teniendo en cuenta las teorías homeostáticas, el craving, afecta al consumo de la droga por reforzamiento negativo. En cambio, las teorías de incentivo proponen que lo hace por reforzamiento positivo. Se produce una asociación entre los estímulos y la sensación placentera asociada al consumo de drogas. Se puede concluir que las teorías homeostáticas predicen respuestas similares a los síntomas de la abstinencia y las teorías de incentivo predicen respuestas similares a los efectos producidos por la droga.

La teoría cognitiva explica el craving basándose en los principios de los procesos cognitivos automáticos y no automáticos. Desde esta perspectiva, la realización de una determinada tarea, como de consumir una droga, se explica como un proceso automático. En caso contrario, los procesos no automáticos surgen cuando los procesos automáticos no consiguen la respuesta deseada. Esta teoría considera el craving como un proceso no automático que aparece cuando las condiciones ambientales impiden el consumo y también, cuando el drogodependiente por sí mismo intenta evitar el consumo.

Las tres teorías intentan explicar el fenómeno de la recaída a través del paradigma de estímulo-reacción. Este fenómeno consiste en la medida de las reacciones de los adictos frente a estímulos que normalmente están presentes durante el consumo de la droga (un bar, un cenicero, una jeringuilla). Las reacciones pueden ser respuestas de comportamiento, respuestas fisiológicas (tasa cardiaca, salivación) o auto informe («me apetece una cerveza»). Estas respuestas nos permiten medir el craving como consumo (el consumo es mayor cuanto más intenso sea el craving), como reactividad fisiológica o como auto informe.

Tener en cuenta el craving únicamente como un cambio en el consumo, no reconoce otras variables (psicológicas, sociales, culturales, individuales) que también juegan un importante papel en el control del consumo de drogas. Por otra parte, se han realizado muchos estudios para medir el craving como reactividad fisiológica y se ha concluido que la tasa cardiaca y la conductancia de la piel lo aumentaban, en cambio, la temperatura disminuía antes, ante señales de drogas que ante estímulos neutrales.

Las medidas de auto informe se han convertido en la forma más frecuentemente utilizada para determinar si un drogodependiente ha experimentado un deseo intenso. Se emplea una escala arbitraria para medir la magnitud del craving como por ejemplo el Questionnaire of Smoking Urges (QSU).

El deseo irresistible de consumir una sustancia juega un papel de gran importancia en el ámbito de las adicciones como causa de recaída. Los programas de tratamiento cuentan con diferentes estrategias para manejar y resistir el craving y en aquellos programas que se basan en la técnica cognitivo-conductual dedican la mayoría de sus esfuerzos a la prevención de recaídas, entrenando a los enfermos de adicción en estrategias para afrontar el craving.

Tratamiento clínico adicción. Jose Manuel Torres Garcia. Clínica de desintoxicación. Expertos en drogodependencias.

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