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¿Adicción a internet? Entre el miedo a lo desconocido y la patologización de la vida cotidiana

Juan Carlos Melero (Psicólogo y Máster en Drogodependencias) | Diciembre 2015

Algunas ideas procedentes del ámbito de las drogodependencias se han extrapolado a otros terrenos, dando lugar a lo que se conoce como "conductas adictivas" o “adicciones sin sustancia”. El enésimo hallazgo en este campo son las tecnoadicciones, ciberadicciones o adicciones a internet. ¿Qué hay de cierta en esta supuesta nueva adicción de la que tantos planes de intervención ante los abusos de drogas se están haciendo eco en nuestro país?

El cambio a veces asusta

La irrupción de internet ha trastocado las reglas de juego de multitud de escenarios. Citar aquí el libro “Todo va a cambiar” de Enrique Dans (2010) parece casi una obviedad. Como todo cambio, también éste genera un sinfín de resistencias y temores, del mismo modo que da pie a entusiasmos a veces desmedidos. Sobre todo para quienes, siguiendo la terminología de Marc Prensky (2001), podemos denominar(nos) "inmigrantes digitales": personas de cierta edad que, mal que bien, hemos hecho un viaje precario, interminable y lleno de incomodidades a una tierra desconocida. Pero para quienes han nacido en ese nuevo entorno (Echeverría, J., 1999), internet es simplemente parte de su normalidad. Una condición normal que a veces interpretamos como patológica desde nuestra ignorancia.

No todo cambio es positivo

Tampoco es posible sostener que todos los cambios generados por esta nueva realidad sean positivos. Hay de todo. En este sentido, me parecen un contrapunto de interés a visiones demasiado edulcoradas del mundo online autores como Evgeny Morozov (2015), Jaron Lanier (2011) o Sherry Turkle (2015). Sólo tres ejemplos de análisis críticos de algunas de las modificaciones provocadas por la irrupción social de internet que, como todo desarrollo humano, tiene inevitables efectos colaterales. Tecnoescépticos o “herejes digitales” entre los que militan también Nicholas Carr (2011) o, entre nosotros, y más en el campo del activismo político, César Rendueles (2013).

¿Qué pasa con las tecnoadicciones?

Entre los temores construidos en torno a esta nueva realidad aparece el riesgo de adicción que supuestamente podría generar la Red. ¿Es así? ¿Existe? Parece fuera de toda duda que el acceso a internet puede dar lugar a usos abusivo (como tantas otras conductas). Pero hablar de adicción... eso ya son palabras mayores. No lo contempla esa enciclopedia de la psicopatología que es el DSM5. No lo reconoce tampoco la Clasificación Internacional de Enfermedades de la Organización Mundial de la Salud. No parece clara en el campo científico una tal presunción (Matute, 2013). Ciertamente hay todo un mercado relacionado: clínicas de "deshabituación", sitios web especializados, nomenclatura para todos los gustos, cada vez más planes de drogodependencias de nuestro país que incluyen esta supuesta adicción como objeto de sus intervenciones, literatura tremendista que recuerda mucho el estilo habitual utilizado en relación con las drogas... Hay de todo. Menos casus belli, porque la dificultad de adscribir esta conducta a los habituales criterios de adicción, así como su (ir)relevancia estadística no la hace merecedora de tal etiqueta.

Que el primer contacto con la Red pueda generar una considerable fascinación es comprensible. Que el acceso a las redes sociales digitales resulte estimulante, también se puede entender. Que los "me gusta", "RT", etc., puedan ser vividos como una pequeña inyección de autoestima parece claro (y saludable, salvo que sea la única fuente de refuerzo). Que hay una exigua minoría de personas que, por motivos de lo más variopinto, puedan llegar a hacer del uso cotidiano de internet una conducta prioritaria en detrimento de otros intereses, es más que probable. Pero esto, en su caso, hablará más de pobreza existencial que de un supuesto carácter adictógeno de la Red. Una epidemia de hikikomoris* parece improbable y, en todo caso, la Red sería, como mucho, un desencadenante de otros procesos subyacentes sobre los que intervenir.

*hikikomori: Adolescentes y jóvenes que se aíslan de forma extrema, usualmente en su habitación, conectados sólo con el mundo exterior a través de su ordenador, viendo la televisión o jugando con videojuegos.

Referencias bibliográficas

  • Carr, N. (2011). Superficiales. ¿Qué está haciendo internet con nuestros cerebros.? Madrid: Taurus.
  • Dans, E. (2010). Todo va a cambiar. Barcelona: Deusto S.A. Ediciones.
  • Echeverría, J. (1999). Los señores del aire: Telépolis y el tercer entorno. Madrid: Destino.
  • Lanier, J. (2011). Contra el rebaño digital: un manifiesto. Madrid: Debate.
  • Matute, H. (2013). Internet: ¿adicción no adicción? En: ¿Existen las adicciones sin sustancias? (Eds.: Mª Teresa Laespada y Ana Estevez): Bilbao: Universidad de Deusto.
  • Morozov, E. (2015). La locura del solucionismo tecnológico. Madrid: Katz Editores.
  • Prensky, M. (2001). Digital natives, digital inmigrants. On the Horizon (MCB UniversityPress, Vol. 9 No. 5, October 2001).
  • Rendueles, C. (2013). Sociofobia. Madrid: Capitán Swing.
  • Turkle, S. (2015). Reclaiming Conversation: The Power of Talk in a Digital Age. Nueva York: Penguin Press.

Juan Carlos Melero

Psicólogo y Máster en Drogodependencias. He trabajado en instituciones públicas y organizaciones sociales del campo de la educación para la salud y la prevención de las adicciones. He coordinado equipos de prevención del abuso de drogas y de intervención asistencial en contextos penitenciarios. Soy autor o coautor de diversas publicaciones, artículos y recursos preventivos. He gestionado proyectos de cooperación internacional que me han llevado a recorrer buena parte de América Latina y Europa. Soy especialista en formación en habilidades psicosociales de profesionales de la salud, la educación y la acción social. Publico un blog en el que con frecuencia semanal escribo sobre salud, adicciones y acción social: https://juancarlosmelero.wordpress.com

Contacto: [email protected] - @jcmelero

Nota: Este artículo se enmarca en la sección de Opiniones de lasDrogas.info, cuyo objetivo, como su nombre indica, es promover las opiniones o discursos y participación de los profesionales y personas afectadas o interesadas en el ámbito de las drogas. El colectivo editor de lasDrogas.info no se hace responsable ni del contenido ni de la forma de los artículos publicados en esta sección.