Redacción-

Un estudio en Suecia entrevista a 19 policías sobre su percepción sobre las personas que usan drogas y los centros de reducción de daños.

Suecia es un país que se reafirma en su política de drogas de consumo cero, muy centrada en la persecución y el castigo como principal forma de abordaje. Sin embargo, muchos programas de reducción de daños han podido abrirse paso en el país pese a las múltiples dificultades, gracias en gran parte a la evidencia científica y al discurso generalizado europeo de medidas más de apoyo que de castigo hacia las personas que utilizan drogas. La convivencia entre una estrategia represiva en materia de drogas y los servicios de reducción de daños es compleja, y en muchos otros países se ha relatado como la aplicación de las leyes por parte de la policía ha dificultado y limitado el trabajo de los centros de reducción de daños. Es en este contexto que se plantea este estudio sobre la percepción que percepción tiene la policía sueca de los servicios y personas que usan drogas.

Los resultados del estudio muestran una alta aceptación de los centros de reducción de daños, los consideran necesarios, y que hacen un abordaje en salud importante. En este sentido, las investigadoras señalan que estos puntos de vista «están más relacionados con la conceptualización de la reducción de daños como un asunto de salud pública, en lugar de la reducción de daños como una perspectiva política o ideológica en oposición al enfoque de la política de drogas restrictiva sueca». También recuerdan que los policías entrevistados participaron voluntariamente en el estudio para compartir su opinión sobre el abordaje policial en materia de drogas, esto pudo hacer que se acercaran justamente aquellos con una visión similar, en esta línea señalan que muchos de los entrevistados situaban la buena impresión de los servicios de reducción de daños como una opinión personal, pudiendo entrever, como mencionan en el estudio, que no es una opinión compartida por todo el cuerpo policial.

Respecto al tratamiento con metadona u otros medicamentos sustitutivos de los opioides, también se mostraban muy favorables, pero resaltaban la preocupación por la venta de esta medicación al mercado negro, que señalaban como contra terapéutica para el tratamiento, y que seguí vinculando a los usuarios con el mercado negro y la delincuencia. Aun y así todos valoraron su función de salud por encima de estas dificultades, aunque reconocían que estas ocasiones es donde más difícil era ver los límites entre el trabajo de los centros de reducción de riesgos y el policial.

Respecto la naloxona había bastante desconocimiento sobre su aplicación y resultados, en general se mostraban favorables, pero con muchas dudas por esta falta de formación. Algunos de los que conocían más la naloxona expresaron la necesidad de llevar encima durante su labor policial, ya que frecuentemente son los primeros en llegar a una sobredosis. Otros expresaron también la idoneidad de llevar naloxona para poder «salvar» a compañeros de trabajo que puedan haberse intoxicado al entrar en contacto con fentanilo, por ejemplo. En esta línea las investigadoras apuntan a la necesidad de formar a los agentes policiales sobre como funciona la naloxona, y en hacer pasos en la dirección de equipar a los agentes con naloxona.

Cuando se habló de la contradicción entre la estrategia estatal más represiva y un enfoque más de apoyo que plantea la reducción de daños, los agentes hicieron una diferenciación entre las personas jóvenes que se introducían al consumo y las mayores. Con las personas jóvenes tenían una actitud de consumo cero, alineada con la estrategia estatal, y con el objetivo de apartar a los jóvenes del consumo y de las relaciones de exclusión que se derivan. En cambio, con las personas mayores, prevalecía la necesidad de programas de apoyo, ya que veían a estos consumidores como «enfermos» necesitados de tratamiento y atención.

A nivel general se observó que los policías que trataban más durante su jornada laboral con personas que usan drogas, mostraban más comprensión sobre la utilidad de los servicios de reducción de daños y en general por una ética del apoyo por encima de la del castigo. En parte, esta transformación en el cuerpo policial, según relataban ellos mismos en las entrevistas, era debido a los nulos resultados que la intervención policial represiva había generado en las personas que utilizan drogas y en la sociedad en general. En esta línea recordaban en el informe que  organizaciones de policías en Estados Unidos o Inglaterra (y nosotros añadimos España, como nos hacíamos eco en este artículo), se están manifestando en contra de las políticas prohibicionistas para abordar el fenómeno de las drogas, y como el trabajo policial de persecución del consumo se había demostrado, bajo evidencia científica, fracasado.

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