Redacción-

Ser mujer y pobre te da más números para consumir opioides de farmacia en Cataluña, así lo afirma un nuevo estudio publicado en frontiersin.org.

Los opioides están desempeñando un papel cada vez más importante en el control del dolor moderado y agudo. Estos fármacos tienen unos conocidos efectos secundarios que hacen especialmente relévente monitorear su prescripción y uso. El incremento del consumo de estos fármacos está convirtiéndose en una preocupación creciente. En EE. UU. se declaró este fenómeno una emergencia de salud pública y el abuso de opioides se considera todavía una epidemia en la actualidad, entre 1999 y 2007 las ventas de opioides aumentaron en un 149 %. En España el aumento fue de un 88 % entre 2010 y 2018, y en Cataluña el consumo total de opioides experimentó una crecida del 45 % entre 2012 y 2016.

Ante este panorama el estudio que venimos hoy a comentar ha analizado la situación en Cataluña desde una perspectiva de género y socioeconómica, que según las autoras llena un importante vacío, debido a que recientemente no se ha publicado nada en esta línea. Para ello contaron con los datos de la Base de Datos de Receta Electrónica, que recoge los datos de la prescripción ambulatoria de medicamentos en 2019. La búsqueda incluyó todos los opioides autorizados con fines analgésicos y disponibles en farmacias comunitarias en España en 2019. Para los datos socioeconómicos se utilizó el Índice Socioeconómico Compuesto (ISC) que incluye variables como el empleo, el nivel educativo, el nivel de ingresos o la tasa de hospitalización.

Los resultados del estudio mostraron que hay una enorme disparidad de género en la prescripción de opioides. Del total de prescripciones, el 36,44 % fueron prescritas a hombres y el 63, 56 % a mujeres, el estudio no diferencia entre otros géneros. Tanto el consumo como la disparidad entre géneros aumenta con la edad. Las mujeres mayores de 75 años tuvieron un incremento en prescripciones del 177 % frente la franja de edad anterior de 65 a 74 años, en cambio en los hombres el incremento fue del 88 %, en las mismas edades. Esta disparidad de datos entre géneros puede responder, según las investigadoras del estudio, a que las mujeres presentan peores indicadores de salud percibida y mayor prevalencia de ciertas patologías y a que también tienden a hacer un mayor uso de los servicios de salud. También alertan que aunque a las mujeres se les receten más opioides que a los hombres, estas son menos derivadas a médicos especialistas. Como señalan en el artículo: “Lo que no está claro es la contribución relativa del sexo biológico a los mecanismos del dolor y su distribución y la contribución del género. Se necesita un enfoque de perspectiva de género para acumular más evidencia y aclarar su influencia social en el dolor crónico y su manejo.”

Los resultados también mostraron que el consumo era 10 veces mayor en zonas con índices socioeconómicos más bajos en comparación con los más altos. El caso más llamativo fue el uso de opioides débiles en mujeres, donde la tasa más baja se registró en un barrio acomodado de Barcelona (2,34 consumos diarios por cada 1000 habitantes), frente a la más alta en un barrio desfavorecido de Badalona (22,18 consumos diarios por cada 1000 habitantes). Según las investigadoras hay mucha literatura sobre el alto impacto de las condiciones económicas en la salud de la población. Además, factores como la segregación social, la estructura física del entorno o la red de equipamientos públicos también tienen una influencia decisiva en la prevalencia de la mortalidad y el dolor. Otros temas que señalan en el artículo son el acceso a tratamientos complementarios como fisioterapia adicional, programas de ejercicio no cubiertos por los servicios de salud pública y el acceso a especialistas en tratamiento del dolor; factores que suelen ser menos accesibles por razones económicas o por fata de tiempo. Para las investigadoras otro factor de riesgo de la prescripción de opioides es la falta de tiempo dedicado a la atención al paciente.

Finalmente concluyen: “Nuestros hallazgos exigen una acción más firme para promover las mejores prácticas en la prescripción para el dolor crónico y para reducir la variación socioeconómica y de género entre áreas geográficas.”

Leer el artículo original en frontiersin.org