Redacción-

Vancouver, como muchas otras ciudades del mundo, sufre una crisis de vivienda muy grave alimentada por una gentrificación desenfrenada, dificultando el acceso a la vivienda para toda la población y en especial los colectivos más vulnerables como las personas jóvenes que usan drogas.

Desde 2017 hay activa una política en la ciudad de «Vivienda Primero», que considera la vivienda como un determinante social clave para la salud y una condición previa para comprometerse de manera significativa con la atención médica y otras formas de apoyo. Dentro de este marco se crearon casas modulares en terrenos municipales o abandonados, para personas jóvenes que usan drogas, para garantizar más recursos residenciales y más estables que los ya existentes. Los residentes de estas instalaciones propiedad del gobierno tienen acceso a una variedad de servicios que incluyen la entrega en el lugar de material de reducción de daños, tratamientos de salud mental y abuso de sustancias, capacitación en habilidades para la vida y programas vocacionales.

Las iniciativas de Vivienda Primero intentan alejarse del «enfoque de escalera» dominante anteriormente, que postulaba que las personas se mudarían de refugios para personas sin hogar a viviendas de transición y luego a viviendas más permanentes a medida que se involucran cada vez más en el tratamiento del uso de sustancias y programas de recuperación. Pero las investigaciones señalan que en lugar de subir la escalera peldaño a peldaño, muchas personas se acomodan en un circuito institucional que implica un ciclo interminable a través de refugios, programas de tratamiento y recuperación, hospitales y cárceles a medida que ocurren períodos de recaída y recuperación.

Un estudio publicado en Science Direct bajo el título: «I’m just trying to stay: Experiences of temporal uncertainty in modular and supportive housing among young people who use drugs in Vancouver» Analiza las experiencias de varios jóvenes en las casas modulares y publicaciones de investigaciones similares para extraer varias conclusiones.

Las casas modulares siguen generando inestabilidad e incertidumbre a los jóvenes que usan drogas. En el estudio rebelan como los jóvenes lamentan que sus viviendas se sientan tan institucionales, opresivas e inseguras. Las instalaciones de estas viviendas utilizan muchos de los mismos mecanismos de control que operan en los hogares de acogida. Esta sensación institucional se ve reforzada por las paredes blancas, la iluminación fluorescente, vigilancia por circuito cerrado de televisión y salas de exámenes médicos en algunos pisos. Además, la mayoría de los edificios tienen políticas estrictas, por ejemplo, regulando que sus parejas románticas o amigos se queden a pasar la noche durante períodos prolongados en sus casas. El miedo al desalojo por romper las reglas es un recordatorio constante para los jóvenes de que no están completamente libres del peso de la incertidumbre temporal que ha marcado sus circunstancias anteriores.

Los jóvenes expresan que la incertidumbre sobre cómo será su futura situación de vivienda hace que sea difícil comprometerse con programas educativos y profesionales o construir nuevas relaciones sociales.  “¡[La vivienda es] la base para hacer cualquier cosa con tu vida! Como, ¿cómo consigues un trabajo? ¿Cómo cuidas a tu familia? ¿Cómo puedes siquiera cocinar cuando no tienes un hogar?”.

Finalmente, concluyen que para mejorar esta situación es necesario hacer cambios en la forma en que se diseñan los edificios de viviendas modulares y de apoyo para que no se parezcan tanto a otras instituciones. También existe una necesidad crítica de desarrollar cronogramas y planes más claros con las personas jóvenes que usan drogas que residen en estos lugares para que tengan una mejor idea de dónde y cuándo podrían mudarse a alojamientos más deseables. Si mudarse a otro sitio no está dentro de las posibilidades, eso debe comunicarse claramente a los jóvenes al comienzo de sus residencias. El estudio resalta la necesidad de los jóvenes a viviendas sociales más permanentes y deseables que les permitan un grado mucho mayor de control sobre su entorno y sus rutinas diarias.

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