Redacción-

Una nueva investigación sobre el fenómeno del Chemsex, evalúa el impacto de estas prácticas en la salud mental. Para ello contaron con la participación de 53 pacientes que acudieron a la Unidad de Conductas Adictivas en Barcelona por consumo de drogas en contexto de Chemsex, entre los años 2017 y 2019.

El chemsex es el uso intencionado de drogas para tener relaciones sexuales. Esta práctica está muy asociada a los hombres que tienen sexo con hombres, ya que son los que más lo practican de forma organizada, o como mínimo así se está visibilizando. Las drogas más usadas en estos contextos son la metanfetamina, el GHB y la mefredrona, que suelen tomarse combinadas. En los últimos años, se ha popularizado el fenómeno del Chemsex y se está observando un incremento de solicitudes para el abandono de consumo de sustancias, siendo la metanfetamina la sustancia principal por la que existe una mayor demanda. Se trata de una población joven, extranjera, que en su mayoría tiene un diagnóstico de VIH y se ha infectado con otras infecciones de transmisión sexual. De los diagnósticos más frecuentes entre las personas que se acercan a la Unidad de Conductas Adictivas de en Barcelona por temas relacionados con el Chemsex, es la psicosis y la depresión.

Para las personas que practican Chemsex, el uso de estas sustancias busca el objetivo de aumentar la satisfacción sexual, disminuir la inhibición, aumentar el pacer y manejar mejor emociones como por ejemplo la falta de confianza durante las relaciones sexuales o la homofobia interiorizada.

Según varios estudios realizados en ciudades europeas, la prevalencia de drogas en los encuentros sexuales entre hombres que tienen sexo con hombres esta alrededor del 30%. España, además, es uno de los países con mayor prevalencia de Chemsex a nivel europeo.

El consumo de metanfetamina se asocia con un elevado potenciad de dependencia y problemas de salud mental como la depresión o la psicosis. Por ello, las investigadoras de este estudio se proponen describir las características socio demográficas y clincas de un grupo de usuarios de Chemsex, y su relación con la salud mental.

Algunos de los resultados que extrajeron del estudio fueron que hay un elevado policonsumo en estas prácticas, tres cuartas partes de los consumidores de metanfetamina consumían GHB u otros estimulantes.

Casi la totalidad de las participantes del estudio tomaban alguna medicación antirretroviral, con riesgo variable de interaccionar con la mayoría de las sustancias empleadas. En concreto, las combinaciones de antirretrovirales que incluyen Ritonavir o Cobicistat deberían evitarse en estos casos, ya que estos son potentes inhibidores de la CYP3A4 y podrían conducir a una disminución del metabolismo y a un aumento de la toxiciedad de las drogas habitualmente empleadas en el Chemsex, especialmente la metanfetamina.

La capacidad de la metanfetamina de inducir sintomatología psicótica, así como de otras drogas incluidas en el policonsumo, explican la alta prevalencia de psicosis en la muestra estudiada. En concreto, se ha descrito que el riesgo de desarrollar psicosis inducida por el consumo de metanfetamina está entre el 26% y el 46%. Aunque en el estudio aprovechan para señalar que igualmente lo que supone una mayor vulnerabilidad para el desarrollo de la psicosis es un trauma infantil previo. Varios estudios apuntan a elevados niveles de ansiedad, especialmente en consumidores de GHB y Metanfetamina.

 

 

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