La científica australiana Jennie Carroll ha dedicado diez años a investigar el uso de la tecnología SMS entre adolescentes. Su conclusión es categórica, en el sentido que el uso exagerado de mensajería de texto puede tener serias consecuencias entre los jóvenes. Entre los síntomas descritos figuran la ansiedad, inseguridad, depresión y baja autoestima. La publicación australiana Daily Telegraph escribe que la mensajería de texto ha aumentado en 89% en los últimos dos años, y que el récord de uso corresponde a una adolescente que envío 4.000 mensajes en solo 9 días.

Carroll, científica adscrita a la Universidad RMIT de Melbourne, comentó al diario que la mensajería de texto se han convertido en un elemento tribal entre adolescentes. La investigadora ha identificado cuatro desórdenes distintos, que denomina textofrenia, texiedad, desorden de texto post traumático y uso de texto múltiple.

La textofrenia implica que el usuario constantemente escucha el sonido, o siente la vibración, que el teléfono emite al recibir un mensaje de texto, incluso cuando esto no ocurre. Las personas afectadas por este mal sienten la necesidad urgente de revisar constantemente el teléfono para ver si han llegado nuevos mensajes.

La texiedad sería una forma de estrés que se produce cuando las personas no pueden enviar ni recibir mensajes, o cuando el destinatario no responde con la rapidez suficiente.

El desorden de texto post traumático ocasiona lesiones físicas o mentales y se presenta, respectivamente, cuando la persona se golpea, por ejemplo, contra un poste de alumbrado público mientras escribe mensajes de texto, o cuando se deprime si nadie responde sus mensajes.

El último elemento sería el uso de texto múltiple; es decir, cuando la persona envía un gran número de mensajes a un gran número de personas, con el fin de sentirse parte del grupo.

El consejo de Carroll es que los padres establezcan reglas para el uso de teléfonos móviles entre sus hijos. Asimismo, sugiere ayudar a los jóvenes a fortalecer su autoconfianza, fomentando su encuentro con otros jóvenes en el mundo real, en lugar del intercambio indiscriminado de mensajes de texto.