El trago puede producir en adolescentes hasta cáncer de seno y trastornos cardíacos.

¿Qué tanto conocemos a nuestros hijos? ¿Qué tanto sabemos de sus inquietudes, intereses, pasatiempos, amistades? ¿Qué hacen de su tiempo libre, y cómo son sus diversiones? ¿Qué piensan del futuro?

Rara vez los padres podemos contestar con detalles estas preguntas. Ocurre, muchas veces, porque los hijos, a medida que se acercan a la pubertad y luego durante la adolescencia, tienen tendencia a alejarse de sus familias. Y a asumir actitudes un tanto misteriosas que invitan a padres y adultos a mantenerse alejados de sus territorios.

Otras veces, el no saber exactamente como son nuestros hijos o lo que suelen hacer en sus horas libres se debe a que nosotros mismos olvidamos abrir las puertas al diálogo. Y que nos sumimos en nuestras preocupaciones y en los afanes de la cotidianidad.

Precisamente este distanciamiento que puede establecerse entre padres e hijos es uno de los temas que están preocupando a las autoridades sanitarias mundiales. Más concretamente, hablemos de los Estados Unidos y de un vehemente llamado de atención que los médicos formulan a los adultos. Porque ven que los padres están descuidando a sus hijos e hijas y, por ende, no prevén insucesos y sus consecuencias. ¿Quiénes son los amigos de sus hijos? Y, ¿qué sucede cuando tienen tiempo libre?

Precisamente uno de los aspectos de mayor gravedad que recalcan los médicos norteamericanos es el hábito cada vez más arraigado de niños, pero sobre todo niñas, a consumir bebidas alcohólicas. Es preciso recalcar que el hábito de consumir alcohol se ha hecho cada vez más grave entre los adolescentes, no sólo en Estados Unidos y en Europa sino también en América Latina. Y en Colombia. Con el agravante de que el consumo se presenta en edades cada vez más tempranas. Se calcula que en el área continental, y también en Colombia, la edad promedio para iniciarse con las bebidas alcohólicas es de 10.6 años.

O sea que el hábito se está generalizando y el problema se ha ido agravando. En este sentido, no puede pasar desapercibido el llamado de alerta de la Asociación Americana de Medicina así como del Instituto Nacional para el Abuso del Alcohol y el Alcoholismo. Los niños, pero de manera especial las niñas están en muy serios riesgos de sufrir consecuencias graves, a corto y mediano plazo, por el uso y abuso del alcohol.

La alarma tiene su punto de partida en la salida al mercado norteamericano de varias bebidas -similares a las gaseosas- que contienen algo de alcohol. En Colombia también se encuentran bebidas semejantes. Es posible que el nivel de alcohol contenido en las mismas sea inferior al que se encuentra en una cerveza. Sin embargo, y a pesar de ello, contrariamente a lo que creen adultos y niños, el daño sí llega a ser muy severo.

¿Qué sucede?

El acento puesto en los perjuicios que el alcohol provoca en las niñas y adolescentes se debe al hecho de que el organismo femenino es mucho más vulnerable a las consecuencias adversas del trago. Mientras los hombres tienen una mayor resistencia y defensas para metabolizar las bebidas, éstas afectan dos veces más a las mujeres. Siendo esta observación válida para las mujeres adultas, ¡cuánto más lo es para las niñas y las adolescentes!

Así, los médicos recalcan que no hay bebida alcohólica inofensiva, por leve y suave que sea. Y el primer punto que se señala es que el organismo de las adolescentes se encuentra en proceso de maduración y, por lo tanto, es mucho más frágil además de ser blanco fácil para los efectos nocivos de cualquier sustancia. Sea ésta el tabaco, el alcohol u otras drogas y sustancias adictivas.

¿Qué puede ocurrirles a las niñas y adolescentes que consumen bebidas alcohólicas con regularidad? Los médicos hablan de un solo trago diario. Esto las predispone a numerosos problemas y trastornos tanto físicos como mentales, entre los cuales se incluyen:

  • Cáncer de seno
  • Osteoporosis
  • Trastornos en la menstruación y durante la pubertad
  • Dificultades a mediano plazo para concebir hijos
  • Trastornos y afecciones cardíacas
  • Disfunciones cerebrales
  • Depresión
  • Predisposición al suicidio o intentos de quitarse la vida
  • Problemas de aprendizaje y dificultades en el campo académico
  • Trastornos de conducta
  • Agresividad y violencia /li>

Si bien estos son los daños directos del consumo de alcohol, también los médicos mencionan las consecuencias que se derivan del mismo. Comenzando por el hecho de que no son pocas las veces en que estas jóvenes se ven involucradas en accidentes vehiculares, generalmente con daños irreparables. Otras consecuencias, no menos graves, incluyen:

  • Riesgo de contraer enfermedades de transmisión sexual, entre éstas el Sida. De acuerdo con los estudios hechos en E.U., una de cada seis adolescente tiene actividad sexual después de consumir alcohol. La mayoría no usan protección.
  • Riesgo igualmente de embarazos no deseados
  • Un sustancia «suave» puede llevar al consumo de otras sustancias cada vez más adictivas.

Estas son apenas algunas de las advertencias que hacen los médicos mientras anotan que los daños directos e indirectos que produce el alcohol en adolescentes norteamericanas tiene un costo anual de 64 billones de dólares.

¿Qué aconsejan los especialistas?

Para el caso norteamericano, hacen un llamado a las organizaciones médicas, a los estamentos del Gobierno y de la sociedad a una toma de conciencia de la gravedad del problema y a asumir medidas preventivas y correctivas. Una de ellas, por ejemplo, es la de hacer campañas de información y educación así como la de restringir la venta a los adolescentes y niños de bebidas alcohólicas, incluidas por supuestos las más leves.

También los especialistas hacen un llamado a los adultos (entre los cuales los maestros) y sobre todo a los padres de familia para que rompan el distanciamiento con los hijos y propicien un diálogo franco y abierto, sincero y con mucho afecto. Es posible que los adolescentes rechacen el acercamiento de los padres y sus intentos de dialogar. Sin embargo, es a ellos -a los adultos- a quienes corresponde perseverar en su empeño de comprender y conocer a sus hijos. De brindarles apoyo y protección. Una actitud ajena a la crítica pero, en cambio, llena de comprensión y amor.