Los cambios tecnológicos influyen en los juegos de azar. Incluso en el perfil del jugador patológico. Del ludópata padre de familia, de cierta edad, con empleo y que se dejaba buena parte del sueldo en un bingo o un casino se está pasando a un adicto joven, que juega on line y se pule los ingresos de los primeros trabajos, la beca, el dinero que le dan sus padres o incluso que hasta llega a suplantar su identidad y vacía la tarjeta de los progenitores. La advertencia sobre este cambio de perfil fue hecha esta semana por la Asociación Malagueña de Jugadores de Azar Rehabilitados (Amalajer). “Los jugadores on line están aumentando. La mayoría son gente joven porque se manejan bien en internet. También hay personas de más edad, pero es gente que lo está descubriendo ahora”, explica Francisco Abad, presidente de Amalajer. 

En junio de 2011 se legalizó el juego a través de la Red mediante la Ley de Regulación del Juego. Abad critica que más por afán recaudatorio que para proteger al jugador patológico. Desde la asociación se insiste en que las modificaciones del perfil del ludópata hacen más difícil aún la lucha contra la adicción. Ahora, no hace falta que el adicto al juego vaya a un casino o a un bingo. El peligro está en casa y a cualquier hora. La tentación es más difícil de evitar porque está en el hogar y en el ordenador, que en la actualidad es una herramienta indispensable. Además, mientras que el ludópata presencial puede apuntarse en una lista para autoprohibirse la entrada a salas de juego, esos controles son más difíciles de establecer si el juego es virtual. “Las dificultades para controlar el juego on line puede traducirse en un incremento”, advierte el presidente de Amalajer. 

El cambio no es solo tecnológico. También se modifica la forma de jugar. De un ludópata presencial y social se está pasando a un adicto virtual y aislado. Entre enfermos y familiares, Amalajer tiene en tratamiento en la provincia a 276 personas. Resulta llamativo que la mayoría de los adictos sean varones y que entre los familiares, el mayor número sean mujeres. Hay otro dato que refleja que afrontar la rehabilitación ante una ludopatía no es fácil: cuatro de cada cinco enfermos dejan el tratamiento. 

Otras cifras confirman la alerta de la asociación sobre el aumento de los ludópatas jóvenes. Dos de cada tres enfermos tratados (68%) tienen entre 21 y 50 años. Es más, hay cuatro que son menores de 20; tres de ellos, varones. Ponerle cortapisas a la ludopatía en los nuevos tiempos es complejo. El control del juego on line es más difícil porque puede suplantarse la identidad, algo que ya supera la adicción y se convierte en un delito. A la asociación han llegado casos de hijos que en una tarde se han gastado 300 o 400 euros de la tarjeta de los padres, que generalmente es lo que destapa la adicción. Los conflictos familiares y los problemas económicos no tardan en llegar. 

Abad destaca que estas personas necesitan ayuda especializada: “El jugador tiene la necesidad de jugar y lo va a hacer por encima de todo porque se convierte en una adicción, igual que una droga”.