Hay enfermedades que encuentran a sus pacientes con mucha facilidad; ese es el caso del alcoholismo. En la sociedad actual, donde la «cultura del vino» está tremendamente extendida y donde el «botellón» se ha convertido en una cita casi inamovible en la agenda semanal de los jóvenes, esta enfermedad tiene una población diana en la que es fácil acertar.

Para luchar contra estas adicciones, en El Ejido, está una de las cuatro asociaciones más antiguas de Andalucía: Prosalud. Se constituyó en el año 1981 y, ahora que cumple tres décadas de andadura, continúa sumando cada año nuevos usuarios a los que ya no sólo ayuda a dejar de beber sino que también les tiende su mano para abandonar otras drogodependencias.

En sus instalaciones en la avenida de La Luz trabajan a diario, en horario de tarde, una trabajadora social, una psicóloga y un médico que ofrecen servicios de ayuda a cada uno de los enfermos que reúnen el valor para cruzar su puerta. Ellos son los encargados de sacar adelante le centro de tratamiento ambulatorio, concertado con la Junta de Andalucía y por el que pasaron el año pasado 450 personas de las cuales 160 fueron nuevos usuarios.

A estos nuevos pacientes se les hace pasar por un proceso de acogida que consta de cuatro fases. En primer lugar, se hace una toma de contacto entre paciente y su familia con los profesionales de Prosalud, previamente a una evaluación diagnóstica de la situación. En segunda instancia, el paciente es atendido por el médico de la asociación para realizar la desintoxicación con un proceso terapéutico orientado a la interrupción del consumo de la sustancia adictiva, casi siempre el alcohol (a veces en binomio con tabaco y/o cocaína).

El tercero de los pasos en este proceso ambulatorio es la deshabituación a la que se llega a través de terapias coordinadas por la psicóloga y directora técnica, María de los Ángeles García Moral, quien realiza terapias individuales o en grupo. Estas terapias están orientadas al aprendizaje de estrategias terapéuticas que permiten al alcohólico enfrentarse a factores de riesgo asociados al consumo de alcohol con el objetivo final de eliminar la drogodependencia. La última de las etapas en la que trata de colaborar Prosalud es en la reinserción social del enfermo de tal forma que pueda llevar una vida responsable y autónoma sin volver a recurrir a la droga.

Durante la mayor parte de la larga trayectoria que acarrea Prosalud en El Ejido, el perfil de sus usuarios ha sido bastante claro: mayoritariamente hombres y de edad media.
Sin embargo, en los últimos años ese perfil ha comenzado a desfigurarse. Ahora se acercan también mujeres, cuyos hábitos de consumo de alcohol son menos evidentes porque beben normalmente a escondidas, cuando están solas en casa y, además, incluso cuando el marido o los hijos lo descubren, a menudo sienten vergüenza hasta el punto de retrasar el momento de acudir a un especialista que les preste el apoyo necesario. También ahora la edad mayoritaria de los que piden ayuda está entre los 25 y los 40 años.

Por otro lado, desde Prosalud se presta un apoyo y asesoramiento a todo el núcleo familiar, es decir, esos 450 usuarios que durante el año pasado acudieron a la sede de la asociación lo hicieron en la gran mayoría de los casos acompañados de un familiar, generalmente el cónyuge o algún hijo. De esta forma, en los grupos de terapia se ayuda tanto a la persona dependiente como a la familia, quienes son un eslabón fundamental para favorecer la recuperación.

En esta línea, la directora del centro de tratamiento y psicóloga explicó a IDEAL que el apoyo familiar es fundamental y que si la familia cuenta con la información adecuada pueden ser de gran ayuda para los adictos. No en vano, algunas veces hay que convencer al alcohólico de que es enfermo pero también hay que convencer a la familia que, en algunos casos, tiende a culparlo y esos sentimientos no les ayudan a dejar de beber, según la psicóloga.

En este sentido, la doctora García Moral explicó que cuando llegan «la mayoría se sienten muy vulnerables y a veces muy decepcionados. Sin embargo, en las terapias ven que es una enfermedad que le pasa a mucha gente y de la que pueden salir. El grupo ayuda mucho porque tienen consciencia de la enfermedad y se dan cuenta de que muchos de sus problemas son consecuencia del consumo y no al contrario», indicó.

De como salir de ese pozo sabe mucho el presidente de la junta directiva desde hace tres años, Antonio Cazorla, quien acudió a Prosalud en el año 1987 para desintoxicarse de sus problemas con el alcohol. «Yo pasaba por la acera de enfrente y leía «tratamiento contra el alcoholismo» y pensaba eso valdrá un dineral y lo iba dejando, pasando años», dice Antonio a la vez que recuerda que el tratamiento es completamente gratuito. Cada año reciben a más gente y no hay nada que llene más de orgullo a su presidente quien afirma tajante que «esta enfermedad es un infierno para la familia y cuando eres adicto no te das cuenta de nada, pero vienes aquí y te salvan la vida».

Sabe que lo más difícil es dar ese primer paso y que muchos alcohólicos prefieren mirar para otro lado pero les recuerda que cada día que pasa sin tratar de curarse la enfermedad comienza a hacer mella en el matrimonio, en la relación con los hijos o con otros familias, además de afectar en el entorno laboral y, por supuesto, en la salud.