Nota: artículo original publicado en gtt-vih.org

De acuerdo con un estudio canadiense cuyos resultados fueron publicados a finales del año pasado en la revista AIDS, las personas con el VIH tienen más probabilidades de utilizar los servicios de atención a la salud mental y las drogodependencias y de acudir también, por este motivo, a los servicios de urgencias de los centros hospitalarios que la población general.

Los estudios previos realizados en varios países con altos ingresos ya habían mostrado dicha relación. Por ejemplo, un estudio reciente del Reino Unido, que revisó estudios realizados desde el año 2000, encontró que las tasas de depresión, ansiedad, dificultad para dormir y pensamientos de autolesión fueron sustancialmente mayores entre las personas con el VIH que entre las personas no infectadas por este virus.

El estudio realizado por los investigadores de la Universidad de Toronto (Canadá) es importante al menos por dos razones: por una parte, confirma que las personas con el VIH tienen una mayor necesidad de servicios de atención a la salud mental y las drogodependencias, y por otra, proporciona una justificación para mejorar la prestación de dichos servicios. Tal mejora puede ser parte de un esfuerzo mayor por fortalecer la calidad de vida relacionada con la salud en estos pacientes, y en concreto la salud mental y el bienestar de las personas con el VIH y la prevención y tratamiento de las adicciones.

Los investigadores realizaron una búsqueda en muchas bases de datos de salud en Ontario, incluidas las que posee el Instituto de Ciencias Clínicas y de Evaluación de Toronto (ICES), para elaborar una muestra de 2.758.186 personas sin el VIH y 5.095 con el VIH. Encontraron que las personas con el VIH en su estudio (en comparación con aquellas sin el VIH) tuvieron tendencia a mostrar un perfil básico: varones, con una edad entre 35 y 55 años, que viven en barrios de bajos ingresos y residen en áreas urbanas, y también más probabilidades de presentar las siguientes enfermedades: asma, diabetes, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) e insuficiencia cardiaca congestiva.

Por otra parte, las personas con el VIH tenían más probabilidades que las personas seronegativas (27% frente a 22%, respectivamente) de haber sido diagnosticadas de una variedad de problemas de salud mental y drogodependencias entre los que predominan los trastornos no psicóticos (esta categoría fue principalmente representada por el trastorno de ansiedad y la depresión, pero incluyó también muchos otros problemas de salud mental).

Igualmente, las personas con el VIH tenían más probabilidades (5% frente a 1%, respectivamente) de haber sido diagnosticadas con múltiples trastornos de salud mental y por adicción a drogas, que incluyen una combinación de trastornos psicóticos y por uso de sustancias.

Cuando los investigadores tuvieron en cuenta la edad y otros factores, encontraron que, en general, las personas con el VIH tenían más probabilidades que las personas seronegativas de hacer lo siguiente cuando buscaban ayuda en los servicios de salud mental y drogodependencia: 1,5 veces más probabilidades de visitar a médicos de familia; tres veces más probabilidades de visitar a psiquiatras; casi cuatro veces más probabilidades de visitar el servicio de urgencias de un centro hospitalario; y casi cinco veces más probabilidades de ser ingresados en un hospital para recibir atención psiquiátrica.

Los investigadores indicaron que los pacientes con el VIH hacían “un uso más intensivo de los servicios de atención [de salud mental y drogodependencia]” que las personas sin el VIH, independientemente del tipo de médico que buscaran.

Las razones de las elevadas tasas de uso de los servicios de atención a la salud mental y la drogodependencia entre las personas con el VIH son complejas. Estudios previos evidenciaron que tener problemas de salud mental y de adicción a las drogas puede aumentar el riesgo de una persona de contraer el VIH. Por otra parte, el estrés de vivir con el VIH y las actitudes negativas en la comunidad hacía este colectivo (lamentablemente aún se sigue estigmatizando y discriminando a las personas que sufren esta infección) probablemente también desempeñen su papel.

Aunque los investigadores no lo mencionaron de forma específica, también existen problemas biológicos relacionados con la salud mental. Por ejemplo, el VIH infecta las células del sistema inmunitario, algunas de las cuales viajan y residen en el cerebro. Estas células infectadas liberan señales químicas y proteínas virales que pueden perjudicar el funcionamiento del cerebro. Por lo tanto, el diagnóstico precoz del VIH seguido de una oferta e inicio del tratamiento antirretroviral y una buena adherencia al mismo son muy importantes para mantener la salud general y la mental en particular.

Por otro lado, es sabido que la infección por el VIH produce niveles elevados de inflamación y activación inmunitaria incluso en personas con carga viral indetectable. El tratamiento antirretroviral puede reducir de forma significativa pero no elimina la inflamación asociada al VIH y la activación inmunitaria. Es posible que, a largo plazo, la inflamación crónica (y la activación inmunitaria) pueda hacer que algunas personas con el VIH sean más susceptibles a tener problemas de salud mental.

En el presente estudio, los investigadores no pudieron acceder a la información sobre las diferentes combinaciones de antirretrovirales que tomaban los participantes, sus resultados en las pruebas de carga viral o a las medidas rutinarias de inflamación.

El equipo de investigación de Toronto descubrió que las altas tasas de uso de los servicios de salud mental y drogodependencia a los que se accede a través de los hospitales son “preocupantes”. Es posible que la gravedad de la enfermedad sea mayor [entre las personas con el VIH] respecto a las personas sin el VIH y más difícil de manejar.

Los investigadores advirtieron que en su estudio había una sobrerrepresentación de personas con el VIH de zonas con bajos ingresos. Esto sugiere que este colectivo se halla en desventaja. Los investigadores indicaron que dicha desventaja puede crear múltiples barreras de acceso a los servicios de atención a la salud mental y la drogodependencia, lo que lleva a un retraso en la búsqueda de atención médica que puede desembocar en una crisis que requiera de cuidados intensivos hospitalarios. Tener escasos recursos también puede conllevar problemas de malnutrición y de falta de vivienda estable, lo que puede interferir con la capacidad de buscar atención médica regular, seguir una estrategia de tratamiento y/o lidiar con los efectos secundarios de los medicamentos.

Por otra parte, los investigadores observaron que estudios previos habían hallado que las personas con múltiples diagnósticos por problemas de salud mental reciben menos apoyo social y es menos probable que acudan a las citas programadas con los profesionales médicos. Es posible que estas personas necesiten más apoyo para mejorar su acceso a la atención del VIH, la salud mental y drogodependencias y mejorar la adherencia a los tratamientos.

Asimismo, subrayaron que incrementar el reconocimiento rutinario en atención primaria de los problemas de salud mental y drogodependencia entre pacientes con el VIH puede ser de ayuda para la identificación temprana y la derivación a médicos especialistas en estas disciplinas con experiencia en el VIH. Por este motivo, alientan a los médicos y enfermeras a realizar dicha evaluación de rutina.

Sugieren además que los sistemas de salud deben aumentar la disponibilidad de “modelos de atención integrados y centrados en el paciente” que brinden servicios de atención a la salud mental y la drogodependencia en la comunidad. Esto reduciría la carga de pacientes que tienen que ir de un sitio a otro para coordinar su atención en áreas sanitarias separadas.

El estudio de la Universidad de Toronto supone un buen paso adelante como análisis preliminar del servicio de atención a la salud mental y la drogodependencia entre las personas con VIH que puede ser extrapolable a muchos países de ingresos elevados. El estudio muestra que se registran tasas elevadas de problemas de salud mental y drogodependencia entre las personas con el VIH en Ontario. Por otra parte, se produjo una tasa relativamente alta de uso de servicios de urgencia de los hospitales, lo cual es de interés para los planificadores de políticas de salud. Dichos servicios en general están saturados y no son el mejor lugar para recibir atención para problemas de salud crónicos o de rutina a menos que haya una crisis o un problema médico urgente. Que las personas busquen atención en urgencias subraya la necesidad de que el tratamiento para los problemas de salud mental y drogodependencia esté más ampliamente disponible en la comunidad.

A modo de conclusión, los investigadores señalan que se precisan más estudios a fin de comprender cómo superar las barreras hacia este tipo de servicios de salud mental para que la calidad de vida de las personas con el VIH se pueda estabilizar y mejorar.

Referencias: Durbin A, Brown HK, Antoniou T, et al. Mental health disorders and publicly funded service use by HIV-positive individuals: A population-based cross-sectional study in Ontario, Canada. AIDS and Behavior. 2017 Dec; 21(12): 3457-3463.