Variadas y de contenido desconocido. Así son las drogas que toman nuestros jóvenes. Diversas, porque en una misma pista de baile se pueden contabilizar en el mismo momento hasta 10 sustancias diferentes (cocaína, speed, MDMA, hachís, marihuana, éxtasis, m-CPP, 2cb, LSD y ketamina, entre las más habituales). Y también de naturaleza desconocida, porque pocos saben a ciencia cierta de qué se compone el polvito ese que esnifan por la nariz o de qué está hecha la pastilla que ingieren con un trago de agua. Hay de todo, desde cocaína mezclada (cortada en el argot) con manitol, fenacetina o paracetamol, hasta pastillas que no son más que medicamentos de farmacia como el buflomedil o speed cargado de cafeína y no anfetamina/metanfetamina. La información por tanto antes del consumo se antoja básica, no en vano, según un informe publicado recientemente por el Institut Genus para la Agencia de Salut Pública de Barcelona, el 40% de las personas que mueven el esqueleto en una discoteca o afterhour lo hacen bajo los efectos de alguna droga ilegal.

La sustancia más consumida es el hachís, aunque tiende a la baja poco a poco. Su uso está muy extendido: El Libro blanco sobre las drogas que ha elaborado el Departament de Salut de la Generalitat recoge que el 25% de la población escolar ha fumado cannabis en el último mes y el 47% le ha dado alguna calada a un porro al menos una vez en su vida. El consumo más o menos habitual entre la población general está en el 14%. El caso de la cocaína es inverso y tiende al alza. El 7% de los menores de 18 años ha esnifado una raya a lo largo de su vida y el 2,6% lo hace de forma frecuente. Para el conjunto de la población, la utilización de polvo blanco se sitúa en el 10% para el uso ocasional y del 1,7% para el habitual. La ingesta de pastillas y drogas de síntesis tiende a estabilizarse (su gran boom se dio en la década de los 90 con la irrupción de las «rutas del bacalao») y casi el 4% de los escolares han probado o el extásis o el MDMA. En los últimos 30 días, las han tomado el 1,6% de los menores de18 años. Para la población de 15 a 64 años, el consumo esporádico está en 7% y en el corriente no llega al 1%.

Eduardo Hidalgo Downing, psicólogo, experto en drogodependencias y autor de «Ketamina» y «¿Sabes lo que te metes?», cree que el nivel medio de las drogas que circulan por la calle es «bastante aceptable». «El mercado español, asegura, podría decirse que está saneado; por supuesto no hay controles de calidad, pero las purezas medias son bastante altas». Hidalgo sitúa la condición de la cocaína en el 60% de pureza. «Si el vendedor es de confianza puede proporcionar una mercancía del 80% de naturaleza y si la droga se adquiere en la calle o en un festival sólo es del 35-40%», apunta. Hidalgo, además, echa por tierra muchas de las leyendas urbanas que circulan entre los consumidores. Por ejemplo aquella que mantiene que las pastillas se cortan con heroína o matarratas. «Es un mito», dice este experto en drogodependencias. «Sí circulan muchas pastillas que no son más que medicamentos (cafeína o manitol)», señala, incluso, añade, «hemos detectado píldoras con PMA, que puede ser letal». En el caso de la cocaína, explica, los cortes más habituales son con otros anestésicos, como la dilocaína, o con yeso. Pero, como dice Eduardo Hidalgo, no suelen ser sustancias más tóxicas que la propia cocaína. «La adulteración no es un problema de salud mayor que el propio consumo de drogas en sí», concluye.

Desde Energy Control, colectivo que se dedica in-situ a ofrecer información con el fin de disminuir los riesgos del consumo, señalan que entre el usuario de sustancias ilegales existe un «gran desconocimiento general sobre lo que tiene entre manos». «No reciben buena información de médicos, profesores, padres o medios de comunicación», afirma Nuria Calzada, coordinadora de Energy Control en Barcelona, «de ahí que sus fuentes de conocimiento sean los amigos y la propia experimentación». Donde sí ve un problema Eduardo Hidalgo, que trabaja en la delegación madrileña de Energy Control, es en las excesivas variaciones de dosis que encuentran en las pastillas de éxtasis. Entre una píldora y otra puede haber el triple de dosis, lo que acarrea problemas a los usuarios que no son capaces de controlar lo que consumen, añade.

Los que trabajan con jóvenes, en colegios e institutos, también les ven bastante perdidos en el tema. Jokin Zugasti, director de una ikastola en Ibarra, una pequeña localidad de Guipúzcoa, lo resume así: «Hay una importante falta de información, todo lo que saben es de oídas». Aitor Etxebarria, psicopedagogo y educador social, desempeña su labor en Barcelona y en Mollet del Vallès y su visión es parecida. «Cuando acudes a un colegio y les das a alumnos de 16-18 años una charla sobre adulteraciones, alucinan», afirma. «No saben lo que toman», añade. Zugasti cree en la prevención. «Solemos hacerles que reflexionen sobre lo que es pasárselo bien, para que vean dónde están los límites». Este director escolar cree que hasta los 18 años el consumo mayoritario es de alcohol y, algunos, cannabis y que el contacto con otras drogas suele ser mayor cuando cumplen los 18. «Los que se ponen a trabajar tienen más dinero y ahí empiezan sus flirteos con la cocaína y las pastillas».

Desde Energy Control concluyen que la sensación de riesgo es muy alta entre los consumidores de drogas y que la mayoría no se la juega si después de analizar su dosis, ésta resulta que no es lo esperado. «En una discoteca realizamos unas 300 pruebas por noche, y el 99% de los que nos traen su sustancia y les decimos que no es lo que creyó comprar, no lo toman», rematan. Etxebarria no lo ve igual: «Los escolares si han hecho el gasto, se meten lo que sea», matiza. Zugasti también cree que ven lejos la sensación de riesgo.

Drogas más baratas

¿Cómo es posible que las drogas sean los únicos productos que se han abaratado desde la entrada del euro? «Porque no es un mercado regulado», señala Nuria Calzada. Además, apunta que a pesar de que hay muchas aprehensiones, el consumidor siempre está muy bien abastecido y, siguiendo la ley de la oferta y la demanda, como la accesibilidad es grande los precios no suben. En algunos casos, la calidad ha bajado, como en el extásis, con dosis menores en cada pastilla. Así, hace años, cada gragea costaba unas 1.000 pesetas y ahora se sitúa en 5 euros. Quizá la procedencia de la droga influya en este sentido: antes arribaban de Holanda y ahora llegan de los países del Este europeo. Respecto a la cocaína, su precio alcanzó las 15.000 pesetas el gramo cuando no existía el euro, y ahora ha caído a los 50-60 euros. Eduardo Hidalgo apunta otra explicación: «Cada vez hay más consumidores, por lo que los beneficios para los grandes traficantes están asegurados sin la necesidad de recurrir a la subida de precios para aumentar los márgenes». Además, cree que cada vez hay más cárteles implicados en el negocio, lo que provoca que el mercado esté como «liberalizado». «Antes había un monopolio y ahora cuanta más competencia, los precios son más bajos», mantiene.