Con un energético discurso, frente a una enorme pantalla electrónica, el presidente colombiano Iván Duque anunció entusiasmado que Colombia será uno de los primeros países en el mundo en permitir la exportación de cannabis en su forma más esencial: la flor. El potencial económico se mide en miles de millones de dólares, explicó el mandatario en la presentación a finales de julio, para la cual se escogió como sede las instalaciones de una de las empresas autorizadas para cultivar la hierba. Al día siguiente, las acciones de empresas de cannabis canadienses cayeron rápidamente.

Canadá es el único país del mundo en que el cannabis, hierba floral que se puede usar por sus efectos psicotrópicos, es completamente legal. Mientras Estados Unidos, Portugal y Australia experimentan con legalizaciones parciales, Canadá es el principal exportador en el mundo. Colombia, país cercano al ecuador en donde las condiciones climáticas para la agricultura son favorables casi los 365 días del año, puede producir cannabis medicinal por una fracción de lo que le cuesta a los productores canadienses. Y, a pesar de las limitantes en su regulación, su apertura a la exportación puso a temblar a Canadá.

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