Los trazos del perfil de los jóvenes enganchados al juego online y a las casas de apuestas varían en función de cada uno, por lo que resulta complicado elaborar un retrato robot. «Cada caso es distinto, aunque el patrón es similar: empiezan a jugar como una forma de ocio y de interacción social, muchas veces con alguien que ya lo ha hecho y les enseña», explica Bayta Díaz, psicóloga de la Asociación para la Prevención y Ayuda al Ludópata (APAL).

El gasto, en principio, es limitado, si bien paulatinamente aumentan las cantidades, lo que termina afectando a su bolsillo. «Algunos lo dejan por una cuestión económica, pero otros siguen jugando para recuperar lo perdido. Sin embargo, pese a que ésa es una de las motivaciones, el problema reside en que el cerebro les pide jugar. Ahora bien, si ganasen no ingresarían el dinero en su cuenta, sino que lo emplearían para seguir apostando», afirma Díaz.

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