Paulino Castells e Ignasi de Bofarull, que acaban de publicar el libro «Enganchados a las pantallas», han dicho en una entrevista con Efe que las adicciones a Internet deben ser consideradas como una especie de «botellón electrónico». Castells indica que «el problema de las adicciones deriva de la existencia de una sociedad como la nuestra con tanta oferta alienante que coincide con un público bulímico que no para de ingerir cosas superfluas».

El niño retraído, con baja autoestima, muchas veces con fracaso escolar, que muestra una incomunicación familiar y denota una falta de afecto es la tipología, añaden ambos especialistas, que suelen acabar con problemas de adicciones a la televisión, los videojuegos, Internet o los móviles. Para este niño, «Internet o los videojuegos representa un paraíso emocional tan maravilloso que, en contraste con el mundo real aburrido, resulta suficientemente atractivo como para engancharlo».

Bofarull opina que «el problema de fondo es la dinámica de consumismo a la que estamos abocados: hay consumos superfluos de cosas que no necesitamos y delante tenemos a jóvenes muy ociosos, que pueden acceder a páginas web como loquesea.com o rincondelvago». Los autores de «Enganchados a las pantallas» (Planeta) sitúan estas adicciones como una especie de «botellón electrónico que te puede colocar igual, pero con el agravante de que no es perseguido por la policía».

Incluso, agregan los especialistas, puede contar con la connivencia involuntaria de los padres de un hijo que esté conectado de manera silenciosa a un chat en su habitación durante horas, algo que «puede ser bien visto por sus padres en el sentido de que pueden decir que mi hijo no sale nunca de casa y no molesta a nadie». Castells y Bofarull advierten de que «el problema de la adicción es todo lo que no te permite hacer y las secuelas subsiguientes, desde insomnio hasta algunos casos de jóvenes que están a punto de entrar en redes de proxenetas».

«Habrá coitos en el plató»

Sin embargo, los autores no quieren mostrar una idea negativa de la tecnología, pues «seguramente más de un 85% de Internet ofrece unas posibilidades enormes, pero debemos educar a los hijos en su uso para que puedan distinguir entre lo divino y lo infernal de la red». El panorama no es muy diferente en tecnologías más comunes como la televisión, donde, aventura Bofarull, «vamos a ver en el futuro más basura, pues ante la pérdida general de audiencia, la televisión se verá obligada cada vez más a hacer cosas escabrosas para atraer público, como coitos en el plató, por ejemplo».

Como psiquiatra infantil y pedagogo, respectivamente, Castells y Bofarull aconsejan a los padres que «controlen a cierta distancia, pero controlen en definitiva, lo que hacen sus hijos, un control consensuado que deben combinar con una fluida comunicación familiar». Para ambos expertos, «es preferible que la familia y la escuela vayan creando valores internos a ese niño o, de lo contrario, el Estado se verá luego obligado a poner prohibiciones externas».