Los datos obtenidos en el estudio ‘Juventud y alcohol, una cuestión de todos’, realizado por TNS Demoscopia para la Fundación Pfizer deberían preocupar a los adultos, según explicó ayer su autor, Víctor Sobrino. Y es que la mayoría de los profesores encuestados reconocieron haber visto a alumnos con falta de concentración en el aula, de mal humor, en estados irritables o con violencia o agresividad, sobre todo después de los fines de semana, momento en el que los jóvenes suelen hacer botellón. Uno de cada diez estudiantes, que también fueron preguntados por el particular, reconocieron haber sufrido estos síntomas. El trabajo, dado a conocer a nivel nacional el pasado otoño, incluye 750 entrevistas a jóvenes entre 12 y 18 años; otras tantas a sus padres o madres y 175 a sus profesores. Hoy se presenta en el IES Diego Porcelos a las 19 horas dentro del marco de su semana cultural.

El lugar en el que se abastecen de alcohol los adolescentes son las grandes y medianas superficies, los bares y pubs y las tiendas que abren 24 horas, por este orden. «Tiende a haber una cierta permisividad en los comercios aunque lo más frecuente es que la bebida sea comprada por los amigos que ya han cumplido 18 años», explicó Sobrino, quien apostó por un incremento en el control, la sensibilización y la información sobre las secuelas del consumo de alcohol, en un país donde la edad de inicio del hábito de beber se sitúa en los 13,7 años.

«Es un tema preocupante y que ocupa a las autoridades pero sobre el que se podría hacer algo más». El 85% de los jóvenes entre 16 y 18 años reconoció haber bebido alcohol en el último año; más de la mitad, el 53%, lo hizo en el último mes y entre los más pequeños, los de 12 a 16, un tercio consumió durante el último año y cuatro de cada diez en los últimos 30 días, unas cifras «muy sensibles», según Víctor Sobrino, sobre la penetración del alcohol en esta franja de la población.
Y el caso es que el inicio en el hábito de beber sigue siendo «como un juego», algo que se hace «por probar» y dentro del grupo de amigos para adaptarse entre los iguales, pero el tema evoluciona de tal manera que los docentes aseguran haber constatado en la escuelas que, en cuanto a ‘popularidad’, los abstemios están peor vistos por los que beben que al revés, lo que ejerce una importante presión en los jóvenes.

Cuando hay riesgo

El trabajo demoscópico para la Fundación Pfizer se ocupa también de los consumos de riesgo y en este sentido se destaca que uno de cada cuatro chavales entre 12 y 16 años  se ha emborrachado alguna vez. La cifra se incrementa hasta el cincuenta por ciento en el tramo de edad de 16 a 18.

En cuanto al fenómeno del botellón, uno de cada 5 de los pequeños participa, al menos una vez al mes, en esta forma de ocio; entre los más mayores es el treinta y cinco por ciento: «Pero lo más grave es que uno de cada diez de los que van se emborracha siempre, según ellos mismos contestaron en la encuesta», aseguró Victor Escribano.