Los veinte años dedicados al estudio del tabaquismo le han granjeado a Miguel Barrueco Ferrero un puesto de honor en el ránking de los especialistas en la materia. Miembro del Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo y de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica, integra uno de los dos grupos del país, junto al de la Unidad de Tabaquismo de Madrid, más prolíficos en estudios y publicaciones científicas. Barrueco, que desde 2006 coordina la Unidad Funcional de Tabaquismo del Hospital Universitario de Salamanca, no se considera un luchador antitabaco, pero, en su cruzada por conseguir una sociedad más sana y saludable, arremete contra los políticos que ponen zancadillas a las medidas ministeriales. En España, 55.000 personas mueren al año por patologías relacionadas con el tabaco. 7.000 son fumadores pasivos.

La ministra de Sanidad asegura que la sociedad española «está madura» para afrontar la prohibición de fumar en todos los espacios públicos.

– Creo que es así. Estudios de tipo epidemiológico demuestran que más del 70% de los españoles apoyan la medida e incluso más del 60% de los fumadores la respaldan.

¿El decreto de 2005 ha mejorado la salud de los españoles?

– Primero, la ley se ha incumplido, al menos en locales de ocio y restauración. De todas formas, un estudio realizado en el área urbana de Barcelona al año y medio de entrar en vigor revela que el número de infartos y anginas descendió el 10%. Y otro, que el porcentaje de fumadores mayores de 18 años ha bajado el 4%. Es decir, que la población fumadora se ha reducido del 32% al 28%.

Así que ahora España es más saludable.

– Sí. Es más sana y saludable, aunque no lo suficiente.

¿Prohibiría usted la venta de tabaco?

– Es absolutamente imposible, porque fuma el 28% de la población y además sería ineficaz. Las posturas maximalistas no tienen sentido. En los debates públicos, los defensores del tabaco plantean que se prohiba si causa tanto daño, pero lo que hacen es desviar el debate sobre las medidas que puedan tomarse. El esperpento sería prohibir el tabaco.

España figura entre los países europeos con peores hábitos.

– Exceptuando los países del Este y Grecia, estamos en una posición de consumo muy alta. Ya que hablamos de la comparación con Europa, la entonces ministra de Sanidad, Elena Salgado, dijo que la ley de 2005 pretendía situarnos a la cabeza de los países saludables. España ocupaba entonces el puesto 22 en la lista de fumadores, pero como esa ley no se ha respetado, nos encontramos con que estamos en el puesto número 16, por eso es estrictamente necesario endurecerla.

Baja el número de fumadores, pero crece entre los adolescentes, que además se inician antes en ese hábito.

– Se observa una tendencia hacia la disminución del consumo, pero los adolescentes se inician antes. La edad media de inicio se sitúa ahora en 13 años, lo que quiere decir que hay chicos y chicas que empiezan a fumar a los 15, y otros a los 10. Se ha adelantado la edad en un año.

Entonces, ¿de dónde sale ese 4% menos de fumadores que revela la estadística?

– La gente en edades medias de la vida está dejando de fumar. Los varones abandonan el hábito en mayor medida. Por segmentos de población, a partir de los 16 años fuman el 32% de los varones y el 24% de mujeres. Pero el porcentaje de varones fumadores desciende desde hace veinte años, tiempo en el que ha crecido el de fumadoras. En ese mismo periodo, el porcentaje, en general, ha bajado en España del 50% al 28%.

¿Y las campañas de prevención?

– Las campañas sirven si se hacen de forma sostenida. Tienen que ser concretas, en los centros donde están los adolescentes. Deben colaborar todos, la familia, primero, y los educadores, los pediatras y también los medios de comunicación.

¿Qué le diría usted a un fumador?

– Que la mejor decisión que puede tomar es dejarlo. Acabará con la dependencia de la nicotina, mejorará su salud y calidad de vida y ahorrará. Un fumador de 20 a 30 cigarrillos diarios gasta al año cerca de 3.000 euros. Hacer ese dispendio en algo que te quita vida y salud parece poco razonable.

¿Se ha avanzado en los pronósticos de detección de cáncer de pulmón?

– Tenemos avances importantes, incluso en las enfermedades de tipo respiratorio. El problema no es tanto el diagnóstico precoz. Cuando ya se lleva muchos años fumando, uno no puede pretender que si deja de fumar hoy ya mañana tenga el mismo nivel de riesgo que un no fumador.

Vacuna para los fumadores

¿Para cuándo la vacuna antitabaco?

– De las tres empresas farmacológicas que la investigaban, sólo queda una. Posiblemente, la salida al mercado no se producirá hasta dentro de cuatro o cinco años.

¿Servirá para prevenir o para curar?

– La vacuna será preventiva y también ayudará a los fumadores a dejarlo.

Pero quien se la ponga, ¿podrá abandonar el hábito con más facilidad?

– Se pondrá la vacuna quien quiera dejar de fumar, pero, eso sí, deberá esforzarse.

¿En qué punto se encuentra el estudio que usted coordina sobre la influencia de los genes en la predisposición a fumar?

– Es una investigación que analiza variables relacionadas con los genes. Los resultados serán a medio plazo, pero sabemos que un porcentaje alto de personas que fuman tienen determinados polimorfismos o variaciones en alguno de sus genes, lo que significa una mayor predisposición a fumar y mayor dificultad para abandonarlo.

¿Los hijos de padres fumadores tienen más posibilidades de contraer el hábito?

– Ojo, no se puede caer en el determinismo. Hay gente que podría utilizar esto para justificarse, para decir que fuma porque hay un determinismo genético. En alguna medida influye, pero también el entorno social y, sobre todo, la voluntad de cada uno.

Muchos políticos fuman…

– Deberían dejarlo, pero si no pueden que al menos no fumen en público. Y me atrevería a decirles que por ser fumadores en ningún caso deben exculpar políticas obstruccionistas relacionadas con la limitación del consumo del tabaco.

Fumar dejó de tener glamour.

– Nunca lo ha tenido, pese a lo que nos vendiera Hollywood. Que te huela el aliento, el pelo y la ropa no tiene ningún glamour.