Es conocido por estar a la vanguardia de un movimiento que sostiene que las drogas psicodélicas, como la MDMA (éxtasis), la psilocibina (el alucinógeno que se encuentran en «hongos mágicos») o el LSD se pueden utilizar para tratar la depresión, el trastorno por estrés postraumático (PTSD), los trastornos obsesivo compulsivos o la ansiedad de los enfermos terminales.

No en vano, Rick Doblin es el fundador y director de la Asociación Multidisciplinaria de Estudios Psicodélicos (MAPS, sus siglas en inglés), cuyas oficinas están situadas en Saratosa (FLorida, EEUU). Creada en 1986, diseña y financia estudios destinados a demostrar la utilidad de estas sustancias en las enfermedades mentales. Con Doblin y con ella, el retorno de las drogas psicodélicas a los laboratorios tras 40 años de destierro es una realidad. Y confiesa a ELMUNDO.es: «Es un alivio y un placer ver que la comunidad científica está de nuevo interesada en la investigación con drogas psicodélicas. Como dice Stan Grof, experto mundial en LSD, los alucinógenos son para el estudio de la mente lo que el telescopio es para la astronomía y el microscopio para la biología».

Pregunta.- . ¿Qué motivos están detrás del renovado interés por el uso las drogas psicodélicas en psiquiatría?

Respuesta.- Siempre ha existido una gran curiosidad por parte de los científicos y de los psicoterapeutas en el empleo de estas sustancias en patologías mentales. Lo que ha cambiado es que ahora es posible obtener los permisos y la financiación privada para llevar a cabo estudios con estas sustancias, tras varias décadas en las que las autoridades sanitarias no lo autorizaban. EL gobierno aún no financia este tipo de investigaciones, un hecho que esperamos que cambie en los próximos cinco o diez años. También están detrás de este renovado entusiasmo las limitaciones de los tratamientos actualmente disponibles.

P.- De la prohibición a la libertad de investigación. ¿Cómo se produce este giro?

R.- La clave está en la FDA (la agencia estadounidense que da luz verde a los medicamentos). En 1989, la responsabilidad de la regulación de la investigación de los psicodélicos y la marihuana cambió de las manos del grupo de expertos que bloqueó por completo los ensayos en los años 70, a un nuevo grupo que ha decidido priorizar la ciencia sobre la política. Gracias a ello, hemos podido sacar a la luz los resultados preliminares de nuestros ensayos. El primer estudio controlado con MDMA para el estrés postraumático se llevó a cabo en España. Se inició en Madrid en 2000, pero por razones políticas se suspendió en 2002. Ahora, y gracias a los buenos resultados obtenidos en ensayos similares en EEUU y Suiza, puede que el estudio español pueda reanudarse.

P.- En la actualidad, ¿cuántos ensayos en humanos con drogas psicodélicas están en marcha?

MAPS acaba de iniciar uno de éxtasis en PTSD en Israel y estamos trabajando para empezar otros dos en Canadá y Jordania. También hemos «arrancado» uno nuevo con veteranos de guerra de Irak y de Afganistán, que sufren estrés postraumático crónico y resistente a los tratamientos. La Universidad de Harvard está llevando a cabo una investigación de esta sustancia, junto con psicoterapia, en pacientes con ansiedad asociada con el cáncer en estadio avanzado.

P.- ¿Y el LSD?

R.- Precisamente estamos patrocinando actualmente un estudio suizo con esta droga, administrada junto a psicoterapia, también en enfermos terminales de cáncer. Una línea de investigación que se está siguiendo la Universidad Johns Hopkins y la de Nueva York con psilocibina. Esta sustancia se está probando además en la adicción al tabaco. Todos los ensayos que menciono están en fase II.

P.- ¿Cree realmente que las drogas psicodélicas se utilizarán algún día en la terapia de la enfermedad mental como hoy se emplea el Prozac?

R.- Sí. Ya está sucediendo. Es más, desde hace 40 años algunos terapeutas y psiquiatras, de forma ilegal, emplean las drogas psicodélicas en algunos de sus pacientes. Creo que tendremos que esperar 10 añosantes de que seamos capaces de obtener la aprobación de la FDA y de la EMEA (Agencia Europea del Medicamento) para el uso con receta del éxtasis en la terapia del PTSD.

P.- ¿Y qué sucede con los riesgos de estos tratamientos?

R.- Son mínimos cuando se administran por terapeutas entrenados, en un ambiente controlado y con pacientes muy seleccionados que carezcan de contraindicaciones médicas. El principal riesgo es que los sujetos tienen las emociones a flor de piel, sienten miedo y no aprovechan la experiencia en su totalidad. Los terapeutas formados adecuadamente y la preparación de los enfermos son útiles para afrontar con éxito la terapia sin que se produzca dicho riesgo. No obstante, y pese a que los «peligros» son pocos todavía son necesarias muchas más investigaciones con buena metodología que demuestren la seguridad y eficacia del uso de alucinógenos en psiquiatría. Y un mayor número de pacientes.

P.-¿Sigue la polémica sobre el uso de estas sustancias?

Existe cierta controversia sobre su uso terapéutico en el futuro, mientras que la polémica sobre los ensayos con estas sustancias que se están llevando a cabo ya es un tema pasado. Irónicamente, la investigación psicodélica está floreciendo en EEUU, pero los ensayos con marihuana para usos medicinales siguen bloqueados por el Gobierno, la Agencia Antidrogas (DEA) y el Instituto Nacional de Abuso de Drogas (NIDA).