A pesar de las tres recientes subidas consecutivas de impuestos, el mercado de los cigarrillos no ha experimentado un alza significativa de precios en España. Es más, las marcas que gozan de mayor popularidad cuestan ahora lo mismo que en marzo de 2005, lo que permite situar a nuestro país como el territorio europeo con el tabaco más barato en relación con el poder adquisitivo de la población.

El Consejo de Ministros aprobó el pasado mes de febrero un real decreto que modificaba los tipos impositivos sobre las labores del tabaco. Fue la tercera subida, tras las llevadas a cabo en septiembre de 2005 y enero de 2006, pero, sorprendentemente, esas tres iniciativas sólo han tenido repercusión en las marcas de bajo precio que aparecieron el pasado verano. En este caso, los precios han aumentado entre el 23 y el 54%, pero no ocurre así con las marcas más tradicionales y también más consumidas. Por ejemplo, la cajetilla de Marlboro sigue costando 2,75 euros y la de Chesterfield 2,40, mientras que la de Ducados o Fortuna se venden en la actualidad a un precio incluso algo menor que el pasado año (2,25 euros en 2005 y 2,20 euros en este momento).

Intento fallido

La última decisión del Gobierno consistió en incrementar en 1,05 puntos porcentuales al tipo ad valorem (que pasó del 55,95% al 57%) y también el tipo específico (que subió 2 euros y quedó establecido en 8,20 euros por cada mil cigarrillos. Además, se estableció un nivel mínimo de imposición de 55 euros por cada mil cigarrillos, que se aplica cuando la suma del impuesto específico y el ad valorem sea inferior a esa cifra.

Con estas medidas, adoptadas en febrero, se perseguía que las marcas baratas subieran el precio de sus cajetillas, un objetivo que se ha conseguido sólo a medias. Porque si bien es cierto que estas cajetillas han experimentado un incremento de entre 35 y 70 céntimos, también lo es que su precio, tras las rebajas de los fabricantes a primeros de año, continúa prácticamente en los mismos niveles que en marzo de 2005.

La propuesta del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT) -que agrupa a 39 sociedades profesionales y médico-científicas, entre las que se incluyen las de Atención Primaria, Cardiología o Neumología- establece que el impuesto mínimo debe ser de 88 euros por cada mil cigarrillos. Para ello, habría que subir el impuesto específico a 23 euros (ahora en 8,2).

«De ese modo», explica el presidente del CNPT, doctor Rodrígo Córdoba, «se obligaría a los fabricantes a no vender ninguna cajetilla por debajo de los 2 euros, a la vez que repercutiría en un alza significativa de las marcas más populares». A su juicio, el Gobierno también debe retirar el precio del tabaco del cálculo del IPC para tener mayor libertad de acción. «Es un contrasentido que un producto tan nocivo compute como el pan o la leche para estimar ese indicador», ha subrayado.