Con confinamiento o sin él, en España el consumo de bebidas espirituosas está muy arraigado y socialmente aceptado. El estudio sobre el Consumo de riesgo de alcohol durante la pandemia, publicado por Salud Pública, enfatiza cómo ante una crisis, esta sustancia se ingiere también para sobrellevar emociones desagradables. “En este contexto, el alcohol puede ser utilizado por algunas personas para reducir la intensidad de su respuesta a la ansiedad, estrés o depresión”, indica la citada investigación.

No obstante, recurrir a bebidas alcohólicas para mejorar el estado de ánimo es contraproducente. “Hay una serie de cuestiones que se generan al ingerir el alcohol, entre las que destacan la desinhibición, una cierta euforia inicial, aunque realmente es un depresor del sistema nervioso, por lo que luego provoca todo lo contrario”, explica José Antonio Molina, doctor en psicología, profesor en la Universidad Complutense y autor de SOS tengo una adicción (Pirámide, 2011).

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