«Sé que resulta políticamente incorrecto, pero el «botellón de la socialización de los adolescentes». Esta afirmación es de Gonzalo Musitu Ochoa, catedrático de Psicología Social en la sevillana Universidad Pablo de Olavide, quien ayer participó en la segunda jornada del congreso «Familias, adolescentes y drogas» que ha organizado en Bilbao la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD) en colaboración con el Instituto Deusto de Drogodependencias.

Todo un referente en cuestiones relacionadas con la familia y la escuela, entre las numerosas investigaciones que Musitu ha dirigido destaca, precisamente, el informe sobre el fenómeno del botellón que realizó para la Fundación Alcohol y Sociedad. Este estudio se hizo in situ, es decir, acudiendo a los espacios públicos donde adolescentes y jóvenes se reúnen en su tiempo de ocio.

La principal conclusión a la que llegó el grupo de expertos que analizó esta forma de diversión ya muy instalada en la sociedad es que el 78% de los adolescentes y jóvenes que practican «litros» lo hace para «relacionarse y divertirse. Únicamente entre un 3% y un 5% participa con el ánimo de emborracharse».

A partir de este dato, Gonzalo Musitu considera que ya es hora de que los adultos cambien su percepción sobre el verdadero significado y las consecuencias de lo que no es sino una forma de «ocio compartido». En declaraciones a los periodistas, el catedrático, que también es profesor de la Universidad de Valencia y de la colombiana de Quindío, pidió que no se malinterpretasen sus palabras en el sentido de restar trascendencia a los riesgos que entraña el consumo de alcohol por parte de la población juvenil y, en particular, por los menores de edad. Hecha esta matización, consideró que es hora de «afinar y no dramatizar, de hacer una reflexión seria y profunda» sobre lo que significa el fenómeno del botellón. «Yo reniego de esa visión que se tiene de una juventud borracha y drogadicta», afirmó.

Frente a las voces que reclaman la prohibición del botellón, el experto se mostró totalmente contrario. «No se trata de prohibir, sino de educar» en el consumo responsable «y de dar ejemplo». En este sentido, comentó que «los adultos también bebemos y fumamos más cuando quedamos los amigos los fines de semana y esto es lo que hacen nuestros hijos. Se trata de realizar una reflexión profunda».

Hasta encontrar trabajo

Convencido de la prohibición «no serviría para nada», Gonzalo Musitu destacó la labor que familia y escuela deben hacer para «educar, informar y prevenir desde los primeros años de vida» para evitar la persistencia de consumos abusivos. «El 80% de los jóvenes abandona el botellón cuando se incorpora a la vida laboral». El porcentaje que persiste en esta práctica con consumos abusivos «es muy pequeño» y su perfil se corresponde con el de jóvenes «de familias desestructuradas, con problemas primero en la escuela y, después, de integración laboral».

Más preocupado se mostró el profesor con otro tipo de cuestiones relacionadas con los jóvenes, como la violencia en las relaciones de pareja. Y es que el 7,4% de los chicos y el 7,1% de las chicas admite haber pegado a su pareja. «Y lo más grave es que relacionan esta conducta con el amor, no con la violencia».