El uso de Internet para adquirir drogas crece hoy a escala mundial, casi a la misma velocidad con la que se propagan los beneficios de la tecnología y con el mismo punto de partida: el mundo desarrollado.

La red de redes se ha convertido en un peligroso traficante de estupefacientes y medicamentos controlados, según confirmó el informe anual de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE), difundido este miércoles en Viena.

Esa modalidad, generada en algunos países europeos y Estados Unidos (mercados estimulantes de la producción y el contrabando), avanza por otros puntos de la geografía, convertida en una amenaza muy difícil de controlar.

Pese al criterio imperante que responsabiliza a Sudamérica por la existencia del narcotráfico, más de 60 países han denunciado que en sus territorios ingresan enervantes mediante el tráfico cibernético proveniente del Primer Mundo.

Las farmacias que operan en Internet habitualmente -sin licencia-venden estupefacientes y sustancias sicotrópicas sin receta, entre ellas ciertos opioides (por ejemplo, oxicodona), estimulantes (anfetaminas) y benzodiazepinas (alprazolam y diazepam).

En la lista también figuran otras como el fentanil y secobarbital, que plantean posibles riesgos mortales cuando se consumen sin una supervisión médica adecuada, precisó la Junta.

Esos peligros se agravan cuando los productos farmacéuticos son de calidad cuestionable e «incluso en algunos casos las drogas están falsificadas».

Tal es el caso del GHB (éxtasis líquido), utilizado históricamente como anestésico contra el insomnio, y prohibido desde la década de los 90 en Norteamérica y otros territorios.

Se ha comprobado que en los últimos tiempos esas ampollas contienen Butanodiol, un disolvente industrial.

El informe no pudo obviar el caso de Estados Unidos, donde hasta «el abuso o el uso indebido de medicamentos de venta con receta es al parecer un fenómeno que va en aumento».

Pese a los enormes esfuerzos para combatir la droga, América del Norte es el mayor mercado de consumo de esas sustancias ilícitas, que no sólo se importan, sino que se trafican y fabrican a gran escala en la propia región.

Esto sucede pese a que los Estados que conforman la zona (México, Estados Unidos y Canadá) «dedican una gran cantidad de recursos» para afrontar el problema, «tanto dentro de su territorio como allende fronteras», destaca el documento.

El año pasado, Sandro Calvani, representante en Colombia de la Oficina de la ONU contra las Drogas y el Delito, informó que una investigación de las farmacias norteamericanas permitió establecer que casi el 90 por ciento de los pedidos online estaban relacionados con sustancias sometidas a fiscalización internacional.

En diciembre del 2003, unas 300 personas fueron detenidas en Estados Unidos (el mayor consumidor del mundo) por pertenecer a redes de narcotráfico que vendía drogas por Internet.

También desde Europa se ha reportado un aumento considerable de los envíos postales de medicamentos ilícitos que contienen sustancias psicotrópicas encargados por la red.

En Suiza, donde existen ya más de 400 tiendas que venden productos y derivados del cannabis, se cultivan entre 300 y 500 hectáreas para la producción de cáñamo y se producen entre 50 y 200 toneladas anuales de marihuana.

La JIFE confirmó que Europa mantiene su categoría de principal productor y traficante de drogas sintéticas en el mundo, el mayor productor de éxtasis, el segundo mercado para la cocaína después de América del Norte y un importante productor y consumidor de cannabis.

«Hoy es posible recibir droga desde cualquier lugar del mundo. Se hace un pago vía tarjeta de crédito y se recibe a domicilio», asegura el jefe de la Secretaría de Lucha contra la Drogadicción y el Narcotráfico de Argentina, Wilbur Grimson.

Sin embargo, la labor de fiscalización de las farmacias electrónicas resulta una tarea compleja porque funcionan en todo el mundo y pueden y suelen trasladar su negocio cuando se refuerzan las operaciones de represión antidroga en un país determinado.

Y por si fuera poco, los vendedores de drogas en Internet logran evadir la cárcel debido a que gran parte de los países no cuentan con legislación para los crímenes cibernéticos.