Ámsterdam se ha convertido en un centro de tráfico de cocaína de Europa, un negocio que mueve miles de millones de euros. El mercado está en manos de una veintena de grupos, con cinco jefes como máximo. Así lo afirma un durísimo informe encargado por el Ayuntamiento de la capital holandesa, que critica “el conocimiento fragmentado por parte de policía y autoridades de las redes criminales, los barrios donde operan y los correos humanos que utilizan, de consecuencias desastrosas para la ciudad”. Elaborado por Pieter Tops, experto en Administración pública, y Jan Tromp, periodista de investigación, añade que “la economía en la sombra creada por los delincuentes permite el envío de cifras multimillonarias al extranjero, sin supervisión bancaria alguna”. El trabajo iba a ser publicado el viernes, pero el diario De Telegraaf lo ha filtrado forzando al Consistorio a hacerlo público.

Si bien advierten de la falta de datos precisos, incluyen algunas cifras llamativas, entre ellas, la del uso anual de cocaína en Ámsterdam: suma al menos 75 millones de euros, según el análisis de las aguas residuales urbanas. O bien el hecho de que, esta primavera, más de la mitad de las 337 peticiones de licencia de apertura de locales del sector de la restauración estudiadas por el Consistorio fueran avaladas por fondos privados. Un 35% de estos financieros tenían antecedentes penales. Añaden asimismo “el millón de transacciones consideradas inusuales, reportado entre 2016 y 2018 a escala nacional, de las cuales, un 32% provenía de la capital. “De estas últimas, 21.000 se tacharon de sospechosas y abarcaban 8.300 millones de euros”.

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