No es sólo que el éxtasis pueda ocasionar problemas a largo plazo o generar a veces reacciones tan agudas como las que llevaron a la muerte a dos jóvenes en Málaga. Lo peor, dicen expertos y consumidores, es que quien toma una pastilla no sabe qué mete en su cuerpo. No tiene forma de comprobar si una píldora es éxtasis o no o si proporciona una dosis mínima, sin apenas efectos, o enorme, capaz de llevarle al hospital.

Los consumidores de éxtasis se mueven en un mundo de desconocimiento. Porque una pastilla puede ser cualquier cosa. «Y no es fácil saber qué es», asegura Sandra Pascal, técnico de Salud del Consejo de la Juventud. Porque una píldora con una dosis altísima de éxtasis es igual, redonda, blanca y con dibujitos, a otra que apenas tenga un pizca de droga. «Y uno, sin saberlo, puede consumir una dosis cuatro veces más de lo normal», alerta Txabi Ruiz, de la asociación de usuarios de droga Ai Laket. Y, cuando pasa eso, en vez de aumentar la locuacidad y la euforia, crece la temperatura del cuerpo y la frecuencia cardíaca, y hasta puede surgir un colapso circulatorio o una insuficiencia renal.

«Lo cierto es que no hemos detectado en Navarra adulteraciones con sustancias peligrosas. Y los análisis suelen dar entre un 20 y un 30% de pureza. Pero debería haber oficinas, lugares habituales donde se pueda examinar lo que se consume», insiste Txabi Ruiz. «Sí que existen algunos controles, los habituales de todo consumidor», matiza Abel Astráin, sociólogo del Plan Foral de Drogodependencias. «Se compra en quien se confía. Pero sí que falta conocimiento de lo que tiene una pastilla, si hay un exceso de calidad o lo contrario».

Consumo estable

Las encuestas dicen que los asiduos en Navarra al éxtasis vienen a ser el 2,6% de los jóvenes, es decir, unos 2.000, y que su consumo está estabilizado desde hace unos tres años. «Probablemente sean bastantes más, pero no todos lo reconocen en las encuestas», aventura Txabi Ruiz. Y tampoco todos son usuarios responsables, preocupados por las dosis o por los efectos que pueden ocasionarles las drogas. A veces muestran comportamientos poco coherentes. «Hay quien se toma una pastilla, que es estimulante, y después un porro, que es todo lo contrario», describe Ruiz. Y Abel Astráin relata casos de quien «un día rechaza un yogur por pasar un día la fecha de caducidad y al día siguiente no le importa llenarse de pastillas». Astráin llama a pensar «por qué hay jóvenes que aceptan ese riesgo. La mayoría, eso sí, no consume, porque piensa que no le merece la pena. Pero otros manejan otras variables. Quizás contemplan a otros que toman y no les pasa nada. Pero seguro que los amigos de los jóvenes de Málaga ahora lo ven de otra forma».

A José Francisco Cobo, presidente de la Sección Segunda de la Audiencia, le sorprende que el consumo del éxtasis se haya «normalizado y generalizado en ambientes nada marginales». Por eso, afirma, «entre muchos jóvenes no existe conciencia de que el consumo de éxtasis es arriesgado y nocivo»

Juicios y redadas

El magistrado ha notado que se han incrementado los juicios por tráfico de éxtasis. También han ido creciendo las incautaciones de esta droga. «Hubo un auge hace dos o tres años y ahora siguen subiendo, pero ligeramente», asegura un portavoz de la Guardia Civil. El año pasado el cuerpo armado intervino 773 pastillas de éxtasis. En toda España se incautó de 17.000 comprimidos y formuló 4.000 denuncias por tenencia de esta droga.

José Francisco Cobo apuesta por redadas «en aquellos locales en los que se consuman drogas. Hay que actuar «manu militari» para impedir el consumo y el trapicheo generalizado en lugares públicos». Pero el magistrado reconoce que el Derecho Penal no puede evitar que las drogas sigan donde están. «Nosotros estamos al final de la cadena. Con anterioridad, hay que realizar campañas para concienciar y advertir a los adolescentes sobre los riesgos que corren», dice. «Lo que se necesita», objeta Txabi Ruiz, «es información veraz. Las drogas van a estar ahí. Pero quien consume debe ser consciente de qué toma«.