Días después de que Canadá legalizara el consumo lúdico del cannabis, un equipo de científicos de la universidad quebequesa de McGill publicó los resultados preliminares de un estudio que podría revolucionar el tratamiento del dolor crónico. Utilizando extractos de cannabidiol (CBD), uno de los principios activos más comunes en la marihuana junto al THC, sus investigadores aislaron una dosis efectiva de CBD para paliar el dolor y la ansiedad sin que generase los efectos psicotrópicos y adictivos asociados al THC. El estudio tiene todavía que superar las tres fases clínicas que preceden a la comercialización de cualquier medicamento, pero, de progresar, podría servir para reemplazar eventualmente a los opioides, los potentísimos analgésicos narcóticos que han dejado un reguero de adicción y muerte en Norteamérica.

“Hay que tomar los resultados con cautela porque necesitamos más estudios clínicos para comprobar si el CBD es lo suficientemente potente en humanos y puede sustituir a los opioides”, dice a EL PERIÓDICO Gabriella Gobbi, la psiquiatra al frente del equipo de investigadores de McGill. Gobbi lleva trabajando con cannabis desde el 2002, tres años después de que Canadá legalizara la marihuana para uso medicinal, pero reconoce que queda mucho por andar para esclarecer sus propiedades terapéuticas y su impacto social. Entre las primeras, hay más ruido que evidencias, más esperanza que efectos plenamente demostrados. No en vano, el consenso médico en Canadá sobre los beneficios del cannabis se reduce solo a tres ámbitos. Para mitigar las crisis de ciertos tipos de epilepsia, para reducir la rigidez muscular en las enfermedades neurodegenerativas y para aumentar el apetito en los enfermos de cáncer y sida. “Todavía sabemos muy poco”, dice la doctora Gobbi, de origen italiano.

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