Hay suficientes evidencias científicas de que el humo del tabaco en el ambiente, es decir, el consumo pasivo o involuntario de tabaco, es causa de mortalidad, enfermedad y discapacidad. La Agencia Internacional de Investigación del Cáncer de la OMS ha determinado que la exposición al aire contaminado con humo del tabaco es carcinogénica en los seres humanos.

La ley antitabaco 28/2005, o «Ley de medidas sanitarias frente al tabaquismo y reguladora de la venta, el suministro, el consumo y la publicidad de los productos del tabaco» entró en vigor el 1 de enero de 2006. Tres meses después, CONSUMER EROSKI ha comprobado en qué medida se respetan los “espacios sin humo” que establece la norma. Esta revista ya publicó en 1998 y 2003 sendos informes basados en estudios de campo, que desvelaban el escaso grado de cumplimiento de la norma que prohibía fumar en establecimientos públicos (la nueva ley, más restrictiva, incluye como espacios “sin humo” bares y restaurantes, discotecas, etc).

En esta ocasión, técnicos de CONSUMER EROSKI visitaron, dos veces cada uno y en días distintos del pasado mes de marzo, 425 espacios públicos en los que está prohibido fumar o debe hacerse en zonas habilitadas expresamente para ello, ubicados en 18 ciudades de nuestro país: A Coruña, Alicante, Barcelona, Bilbao, Córdoba, Granada, Logroño, Madrid, Málaga, Murcia, Oviedo, Pamplona, San Sebastián, Sevilla, Valencia, Valladolid, Vitoria y Zaragoza. Se visitaron en horas de máxima afluencia y durante 45 minutos en cada una de las dos ocasiones, 18 aeropuertos, 18 ayuntamientos, 18 bancos o cajas de ahorros, 90 bares o restaurantes de más de cien metros cuadrados, 20 centros comerciales, 17 edificios centrales de Diputación, 30 discotecas de adultos, 25 discotecas light para menores, 19 estaciones de autobús, 18 de tren, 18 hospitales de grandes dimensiones, 20 hoteles, 27 institutos de enseñanza media, 20 mercados o plaza de abastos, cuatro instalaciones de metro (Bilbao, Valencia, Barcelona y Madrid), 24 parkings cubiertos y 21 universidades.

Los observadores enviados por esta revista, que actuaron sin desvelar el motivo de su presencia, visitaron en cada lugar las zonas de acceso público (zonas de atención a los usuarios, salas de espera y de exposición, pasillos, vestíbulos, escaleras, servicios). Una vez en ellas, comprobaron si alguien fumaba. Además, entre otras cuestiones, observaron si había o no señalización de prohibido fumar, si las zonas de fumadores, donde existieran, estaban bien habilitadas e indicadas, si olía a tabaco al entrar, si en el suelo se veían colillas y si los empleados de los establecimientos vendían tabaco –la ley lo prohíbe.

La primera pregunta que cabe hacerse es si se fuma en espacios públicos en los que la restricción es total (la ley no permite que se habiliten zonas de fumadores en ellos). La respuesta sólo puede ser una: sí, porque, con las únicas excepciones de hospitales (aunque en uno de cada cinco se vieron colillas en el suelo) y edificios centrales de las diputaciones, se vio a gente fumando en buena parte de los espacios públicos visitados: el 60% de las discotecas para menores, la mitad de los mercados de abastos, el 35% de las universidades, el 30% de los parkings cubiertos, en uno de los cuatro metros visitados, el 15% de los institutos, en el 5% de los museos, bancos y cajas de ahorro, y ayuntamientos.