La sociedad empieza a concienciarse del peligro del alcoholismo y el farmacéutico, por su cercanía con el ciudadano, puede tener un papel clave en la prevención y la detección. Sin embargo, cuenta con muy pocas herramientas porque el estudio sobre la educación sanitaria en ese campo está aún en pañales. Los profesionales reclaman trabajos de investigación que sistematicen su actuación para sacarle el máximo partido.

Con el Ministerio de Sanidad inmerso en la elaboración de un proyecto de ley del alcohol dirigido a frenar el consumo en los jóvenes, los farmacéuticos empiezan a movilizarse también para potenciar y desarrollar los modos en que desde este sector se puede hacer frente al problema del alcoholismo. Sin embargo, al indagar en lo que se ha hecho en este campo hasta el momento, los documentos, los estudios y las experiencias de partida son casi nulos. Algunas voces apuntan que quizá sea por la permisividad que ha existido hasta ahora respecto al consumo de alcohol en nuestra sociedad, que ha sido y aún es, un hábito muy arraigado en la cultura mediterránea.

El hecho de que sea una adicción que no se trata habitualmente con fármacos puede ser otro de los motivos por los que hasta ahora no se haya trabajado prácticamente nada sobre ella en la atención farmacéutica, según la directora del máster de Atención Farmacéutica (AF) de la Universidad de Granada, María José Faus. Pero, a su juicio, esto no lo justifica, porque la prevención y detección de esta adicción «entra de lleno en el área de la educación sanitaria, en la que, por supuesto, el farmacéutico tiene mucho que decir porque es el primer sanitario con el que se encuentra el ciudadano».

Sin embargo, la portavoz explica que «la educación sanitaria está aún en pañales» y es ahora cuando empieza a emerger como capítulo de estudio e investigación. «Esto no quiere decir que no se haya practicado nunca», matiza. Al contrario, los profesionales lo hacen todos los días. Sin embargo, «no existen trabajos publicados y no se estudia como disciplina». De ahí que los farmacéuticos se encuentren «un poco desamparados», porque no cuentan con referentes ni pueden conocer experiencias de otros compañeros que hayan sido eficaces para utilizarlas también.

Por todo ello, Faus apuesta por «empezar a investigar para desarrollar pautas de actuación en el ámbito de la educación sanitaria» que permitan dotar a los profesionales de «buenas herramientas para usar de forma sistemática». La experta en AF añade que piensa predicar con el ejemplo y que se pondrá manos a la obra en la investigación en este campo.

En la actualidad se fragua un movimiento de concienciación respecto al riesgo del consumo abusivo de esta sustancia y la demanda social empieza a reclamar a los farmacéuticos que también tomen cartas en el asunto. Algunos ya empiezan a hacerlo, como es el caso del Consejo Andaluz de Colegios de Farmacéuticos y del Colegio de Farmacéuticos de Alicante, que trabajan en la prevención del consumo en los adolescentes. El primero ha puesto en marcha hace dos semanas una campaña en todas las farmacias de Andalucía con la que, mediante un folleto con una serie de preguntas, se trata de ayudar al joven a darse cuenta de si tiene un problema con el alcohol. Las preguntas no sólo pueden ayudar a los adolescentes, sino también a cualquier bebedor de riesgo. «Nosotros somos los que estamos a pie de obra y por ello somos los que primero vemos los problemas», apunta el presidente del consejo andaluz, Manuel Arenas.

En este caso, el problema detectado es el que evidencian las encuestas que Sanidad ha presentado recientemente: la edad media en que los chicos comienzan a consumir alcohol es cada vez más baja (se sitúa ya en los 13,7 años); mientras que aumenta la frecuencia con la que beben (uno de cada tres escolares de entre 14 y 18 años declara haberse emborrachado en el último mes).

El Colegio de Alicante también se ha dado cuenta de esta situación y ha empezado a trabajar para frenarla. En marzo sacará una campaña dirigida a los padres para concienciarles, desde la farmacia, sobre algo que la mayoría desconocen o no quieren asumir. El colegio ha preparado un manual de formación para el farmacéutico en el que se le dan pautas para transmitir la información a los padres y abordar con ellos un problema tan delicado. En una segunda fase, el proyecto prevé que los propios boticarios den charlas de sensibilización sobre este problema. Para ello, primero los profesionales recibirán un curso en el que un psiquiatra les explicará en profundidad los síntomas y efectos del alcoholismo en los jóvenes; un psicólogo les indicará cómo deben afrontar los padres una situación de este tipo; y, finalmente, un experto en formación les enseñará cómo transmitir a los padres todos los conocimientos adquiridos de la manera más clara y efectiva, sin dañar sensibilidades.

Con todas estas herramientas, desde el Colegio de Alicante creen que los farmacéuticos pueden ayudar mucho a prevenir el problema. Según explica la directora del grupo de trabajo que ha elaborado la campaña, Myriam Cano, en las reuniones se ha observado que «los profesionales están muy ilusionados porque descubren que tienen grandes posibilidades de actuación sanitaria de las que no eran conscientes».

Un momento idóneo para que el farmacéutico aborde el asunto del alcohol es cuando dispensa fármacos que pueden interaccionar con el alcohol. El catedrático en Farmacología de la Universidad de Alcalá de Henares, Francisco Zaragozá, explica que las interacciones pueden presentarse de varias maneras:

Zaragozá añade que, aunque los fármacos modernos interaccionan cada vez menos, «es recomendable que se elimine el consumo de alcohol siempre que se estén tomando medicamentos para evitar cualquier interferencia».

¿Qué puede hacer el farmacéutico?

• Ayudar a acabar con ciertos tópicos, como la idea de que beber alcohol cuando se están tomando antibióticos anula el efecto de estos medicamentos.

• Intervenir en la prevención del consumo en adolescentes. En este campo, en el que ya trabajan varios colegios oficiales de farmacéuticos, es muy útil concienciar a los padres de los jóvenes sobre lo perjudicial que resulta para el desarrollo de sus hijos este consumo. Luego son los padres los que se ocupan de transmitir esa información a los adolescentes.

• Detectar un consumo abusivo de alcohol. Puede hacerlo en los casos de personas que van a la farmacia a buscar medicamentos para los síntomas habituales que provoca esta adicción.

• Facilitar la deshabituación del alcohol de las personas adictas a través del consejo que se aporta a sus familiares. Por ejemplo, son habituales los casos en los que el farmacéutico trabaja con las mujeres de hombres alcohólicos.

• Aconsejar que se elimine el consumo de esta sustancia a personas con alguna patología que requiere un largo tratamiento farmacológico por las posibles interferencias. Frecuentemente, es el caso de los hombres que, al envejecer, empiezan a requerir tratamientos de por vida.

• Alertar de los posibles efectos derivados de la interacción de esta bebida con algunos fármacos, y el riesgo que supone realizar en esas circunstancias actividades como conducir.