El sector de los vapeadores vivió en una montaña rusa hasta hace un par de años. Abrir una tienda de productos relacionados con los cigarrillos electrónicos se convirtió en una alternativa de negocio para muchas personas. Estos comercios proliferaron por numerosos barrios. En 2013 llegaron a abrirse cerca de tres mil tiendas en toda España. Pero el cántaro se rompió. Había demasiada oferta para una demanda que estaba naciendo hace un lustro.

Fue a partir de 2016 cuando el negocio comenzó a crecer de forma estable, gracias a una mayor profesionalización del sector que facturó en 2017 unos 70,5 millones de euros. Un incremento del 28,2% respecto al ejercicio anterior, el año del cambio.

En España vapea cerca del 1,2% de la población (medio millón de personas), cifra algo inferior a Italia (1,6%) y un punto menos que Francia (2,4%). Unos tres millones de británicos (4%) también son consumidores, aunque son cifras lejanas de los parámetros estadounidenses, el verdadero gran mercado del sector. Allí vapea uno de cada diez norteamericanos (10,9%). Un mercado que está al alza y que se abre a nuevos productos con nicotina y sin nicotina y con diferentes sabores (cereza, pomelo, manzana o mango, entre otros), que se dispensan en estancos. «Solo queremos que vapeen aquellas personas mayores de 18 años», apunta Arturo Ribes, presidente de la Unión de Promotores y Empresarios del Vapeo (UPEV), quien destaca también los «controles exhaustivos y estrictos» de los productos para los cigarrillos electrónicos que sí contienen nicotina.

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