Papel mojado… en alcohol. Un experimento de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha corroborado lo que multitudinarias noches de botellón hacían sospechar: pese a la

ley seca

para los menores que impera en España, a los adolescentes les resulta tan sencillo avituallarse de bebidas con alto contenido etílico como fotocopiar los apuntes de clase.

«El consumo de bebidas alcohólicas está claramente generalizado entre los escolares riojanos de 14 a 18 años». No es un titular sensacionalista, sino la conclusión de la última Encuesta sobre Consumo de Drogas en Jóvenes de La Rioja elaborada por la Consejería de Salud.

El estudio, realizado en el 2006, refleja que el 83,1% de los adolescentes riojanos ha consumido alcohol alguna vez; el 80,8, en los últimos 12 meses; y el 69,7, en los 30 días anteriores al sondeo. Pese a la evidente mejora -en el estudio anterior, del 2004, el 78,0% había bebido en los últimos 30 días-, la estadística deja la escalofriante certeza de que siete de cada diez menores consume bebidas alcohólicas, frente al 58,2% de la media nacional. Desmenuzados por edades, los datos no son más alentadores: beben el 50,6% de los menores de 14 años; el 63,4 de 15; el 77,2 de 16; el 86,2 de 17; y el 74,3 de 18.

El primer contacto con el alcohol se fija en los 13,6 años y uno después, a los 14,7, se inicia el consumo semanal. Éste se focaliza en el fin de semana (69,1 de los encuestados, frente al 18,9 que bebe en día laborable). Mientras la media del fin de semana es de 4,2 copas de cubata, 2,2 de cerveza y 1,7 de vino, en días laborables se reduce hasta 0,1, 0,6 y 0,2, respectivamente. Las preferencias de los jóvenes se fijan en los cubatas (63,9), cerveza/sidra (41,7), licores solos (38,9), licores de frutas (38,5) y vino/champán (27,6).

Su relación con el alcohol llevó al 33% de los encuestados a admitir que se había emborrachado en el último mes. También uno de cada tres menores implicados en peleas había consumido alcohol.