El fumar se va a acabar. La UEFA no quiere saber nada de la peculiar mezcla fútbol-tabaco y ha decidido prohibir, a partir de la próxima temporada, fumar en el área técnica del campo, compuesta por la zona del entrenador y la del banquillo de los suplentes.

El cerco sobre los fumadores se estrecha por momentos. Aviones, restaurantes, oficinas de trabajo. Los lugares donde el tabaco no es bien recibido son cada vez más numerosos y el banquillo será uno de ellos. Fíjense bien, hasta en las películas de Hoolywood sólo fuman los «malos» y ni eso…

Los directivos de la UEFA no aceptan que el niño, mientras ve un partido por televisión, pregunte: «Papá, ¿por qué fuma ese señor?. En opinión del máximo organismo del fútbol europeo «fumar en el área técnica es una práctica perjudicial que podría tener un impacto negativo en la gente joven». Además, advierte que cualquiera que no cumpla con la nueva normativa será castigado por las autoridades disciplinarias. No es la primera vez que un organismo futbolístico le declara la guerra al tabaco. El pasado año la FIFA no permitió fumar en los estadios durante la disputa del Mundial de Corea y Japón, aunque estableció zonas especiales para fumadores.

Sin nicotina… ¿más nervios?

Sólo el que es fumador puede saber lo que es la adicción al tabaco. Es lo que suele decir cualquier persona que depende a diario de aspirar el humo de un cigarrillo. Y es también lo que se le pasará por la cabeza a más de un entrenador a partir de la próxima temporada.

¿Se imaginan a Luis Aragonés en el banquillo sin poder recurrir a su cajetilla de tabaco? Pués vayan haciéndose a la idea porque el «Sabio de Hortaleza», uno de los grandes fumadores del fútbol español, tendrá que ir empezando a dejar de fumar o, de no ser así, controlarse durante noventa minutos de puro nervio. Etoo y su pechera, que ya sufrieron los estragos del mal genio del preparador madrileño, tendrán que tener más cuidado que nunca porque Aragonés puede batir su récord de exaltación si comprueba que en el bolsillo de su camisa no está su añorado paquete de tabaco.

Lo cierto es que son escasos los inquilinos del banquillo en España que necesitan nicotina y alquitrán de calidad para que los partidos más igualados no se conviertan en un infierno, al menos delante de las cámaras de televisíón porque alguno parece animarse a una «caladita» que otra fuera del trabajo.

Irureta decidió que eso de fumar no podía ser bueno y cambió los cigarrillos por los chicles, Luis Fernández, para no volver, se volvió adicto a los chupa-chups y su antecesor en el Espanyol, Javier Clemente -otro de los míticos fumadores del fútbol español-, lo ha dejado hace muy poco.

Lippi y Ancelotti, dos fumadores de primera en la elite de Italia

En Italia fuman más o se cortan menos porque los entrenadores de los dos clubes más importantes son empedernidos amantes del tabaco. Carlo Ancelotti, técnico del Milan, y, sobre todo, Marcelo Lippi, su homólogo en la «Juve», baten récords y son capaces de acabarse una cajetilla por partido. La última final de la Champions, disputada por ambos conjuntos, coincidió con la «Jornada Mundial sin Tabaco». Sin embargo, los nervios de un partido de tal cariz -que encima desembocó en penaltis- hicieron inútiles las solicitudes de varios doctores para dar ejemplo al mundo y no fumar durante el choque.

Si se fijan, no ocurre lo mismo en la Liga española. Ni Rijkaard ni Queiroz, entrenadores de los dos grandes, visitan los estancos en busca de cigarrillos. No es de extrañar, especialmente en el caso del madridista, que no podía venir a sustituir a Del Bosque con «nuevo librillo» pero echando humo por las orejas.

El último ejemplo de «entrenador-fumador» en un grande de España nos lo brindó Héctor Cúper. El argentino es otro de los adictos compulsivos al cigarrillo y su estancia en Valencia, con dos finales de Champions perdidas (una en la tanda de penaltis), no contribuyeron a convencerle para dejarlo. Pero ya se sabe, con el nuevo año, nuevos propósitos. Quizá sea el momento para desprenderse de los malos humos.