El cannabis ya ha llegado a los estancos, sobre todo de Cataluña, País Vasco y Navarra, donde se vende uno de sus componentes, el CBD, utilizado fundamentalmente con fines terapéuticos y cosméticos. Sin embargo, la falta de una regulación concreta sobre estos componentes ha motivado bastante incertidumbre entre los estanqueros, que en algunos casos han pedido asesoramiento a despachos de abogados especializados en temas de cannabis, sobre todo a raíz de intervenciones de la Guardia Civil y de otros cuerpos de seguridad en sus establecimientos.

El CBD es uno de los más de cien cannabinoides que posee la planta de la marihuana y no tiene propiedades psicoactivas como el THC, es decir, no produce los efectos más buscados en un consumo recreativo, pero proporciona otros: relajantes, analgésicos o antiinflamatorios, muy útiles en la fabricación de productos medicinales o cosméticos. El problema radica, básicamente, en que, como componente de una planta considerada en sí una droga por las convenciones internacionales, cuyo uso no está regulado en España, la legalidad de su distribución y venta se encuentra en un limbo, en el que a veces, muchas, se permite o se deja pasar, y otras, no.

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