El 5,27% de las urgencias hospitalarias que se atendieron el pasado año era por el consumo de drogas de diseño. Según Bienestar Social, el abuso de esta sustancia ha descendido hasta el 1,3% entre los mayores de 14 años. Los expertos denuncian la facilidad con que se fabrican estas sustancias vía Internet.

Está en zonas concretas, en unas macrodiscotecas donde el agua se vende a precio de lujo. Y ese joven que ha comprado una pastilla se siente más fuerte, eufórico y sabe que aguantará toda la noche. Pero si no accede a ese botellín de agua -por las colas que se crean en las barras- puede deshidratarse. La muerte de dos chavales en una fiesta «rave» organizada en Málaga ha estallado la voz de alarma hasta el punto de que ya se hable sobre la posibilidad de abrir un debate sobre la legalización de las drogas para intentar su control. Una posición que cuenta con más detractores que defensores.

Según los datos de la Conselleria de Bienestar Social, el consumo de estas sustancias en la Comunidad ha descendido desde 1998 al pasar de un 1,8% de la población mayor de 14 años al 1,3% en 2000. Además, la encuesta realizada por la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD) apunta que el pasado año se atendieron 9.171 casos de drogodependencia, de los que sólo 66 tenían como origen el consumo de pastillas. El 5,27% de las urgencias hospitalarias se debió a esta adicción.

El director general de Drogodependencias, Bartolomé Pérez Gálvez, denunció ayer los discursos demagógicos que se están produciendo por parte de determinados sectores que hablan de legalización cuando no se trata de un problema de dependencia como el que sufre un heroinómano con el síndrome de abstinencia. A su juicio, el riesgo a la mortalidad existe porque se accede conscientemente a unas sustancias desconocidas y «siempre puede existir una partida que esté adulterada». Sin embargo, destacó que es más preocupante el abuso que se hace del alcohol, de la cocaína y la heroína.

Pero el acceso es fácil. Internet se ha convertido en esa herramienta de doble filo capaz de aportar todo tipo de información: desde la fabricación de una bomba casera hasta, por supuesto, la elaboración de esas pastillas de fin de semana.

El director del Instituto de Investigación de Drogodependencias (INID) de la Universidad Miguel Hernández, José Antonio García, alertó sobre esta utilización. Ahora bien, la posibilidad de regularizar la red para evitar estas páginas de fomento de consumo es complicada.

Rechaza hablar de legalizar drogas que no tienen ninguna función médica y que se compran exclusivamente como estimulantes, aunque ésta no siempre fue su función. Fue en 1914 cuando el éxtasis se sacó al mercado con una finalidad adelgazante. Después comenzaron sus derivados hasta convertirse en un negocio. «Las venden con el título de diseño porque hacia la juventud significa algo atractivo y moderno; sin embargo, el que las hace pone todo tipo de compuestos», señaló. De hecho, en algunas se ha llegado a detectar lacas industriales. En otras, su pureza es del 80%, con una fuerte carga de anfetaminas, el corazón lo acelera y eleva el calor corporal. Quieren bailar y experimentar esas alucinaciones de las que se hablan.

El perfil del consumidor es el de 15 a 25 años, aunque es más acusado a partir de los 20. Vive en ciudades costeras de las provincias de Alicante y Valencia de unos 250.000 habitantes. Tiene estudios de BUP, FP o COU y vive emancipado de los padres.

El viceportavoz adjunto de EU en la Cortes, Joan Antoni Oltra, propuso ayer abrir un debate social porque «las pastillas son el último eslabón de un consumo de drogas donde no hay control sanitario, pero cuenta con el interés de determinados negocios dudosos».