A las terapias de grupo de Alcohólicos Rehabilitados (ARLE) han llegado este año 118 enfermos nuevos, frente a los 98 del año 2010. El alcoholismo es una enfermedad de desarrollo lento que afecta no sólo al enfermo sino a la familia. La asociación ha atendido hasta septiembre a 187 enfermos y 117 familiares.

Alcohólicos Rehabilitados también ha notado los efectos de la crisis. Cada vez más personas llaman a su puerta de José Aguado número 2.

La edad media de las personas que necesitan terapia para dejar el alcohol está entre los 35 y los 40 años, pero a las sesiones asisten también jóvenes de 23 años. «En los chicos jóvenes se nota que llegan con una patología añadida», asegura la terapeuta, Victoria Álvarez, «tienen mucha información, pero relativizan mucho los riesgos. Temen a la cocaína o la heroína, pero no al alcohol, está socialmente más aceptado». La terapeuta lanza tres preguntas al aire. «Que cada uno se pregunte ¿por qué bebo? ¿en qué momento bebo? y ¿con quién bebo?. Las respuestas son claves para entender la enfermedad.

Los enfermos que llegan a terapia también proceden de los servicios de Salud Mental y de la prisión provincial. Una quincena de enfermos están en terapia por orden de un juez. Los han pillado conduciendo bebidos o han provocado peleas en estado de embriaguez. Forman parte del grupo que asiste a una sesión a la semana.

Un trabajo continuado. El trabajo del Hospital se centra en el control físico, en la evolución de la enfermedad, «en la asociación trabajamos el aspecto mental».

La Unidad del Hígado y Alcohol del Hospital de León ha derivado a dos pacientes a que sigan tratamiento terapéutico en Alcohólicos Rehabilitados, «pero uno de ellos se ha negado a recibir tratamiento. El otro acaba de empezar y sólo lleva una sesión».

Es un trabajo de largo recorrido. Los enfermos tienen una ayuda, un medicamento que les sirve de bastón para permanecer sin beber.

El Colmen es un medicamento habitual para tratar en los enfermos alcohólicos. Los especialistas aseguran que es inocuo para la salud, pero el paciente no puede probar ni una gota de alcohol porque podría provocar un fallo cardíaco. «Es un disuasorio muy habitual», asegura la terapeuta y lo que evita que muchos paciente caiga de nuevo en la bebida.