El pasado fin de semana, la ministra de Sanidad en funciones, María Luisa Carcedo, anunció que por primera vez se añadirá a la cartera de servicios del Sistema Nacional de Salud un medicamento para dejar de fumar: la vareniclina (cuyo nombre comercial es Champix). El Ministerio calcula que unas 70.000 personas podrían beneficiarse de esta medida, que entrará en vigor a partir del 1 de enero de 2020 y que forma parte de un plan global para reducir el consumo de tabaco en nuestro país.

Más de 50.000 personas mueren al año en España como consecuencia de los efectos perjudiciales del tabaco. Casi una de cada cuatro personas españolas es fumadora (22%) y, entre ellas, más de siete de cada diez ha intentado dejar de fumar al menos una vez en su vida. La gran adicción que genera la nicotina del tabaco causa muchas dificultades. Según la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), solo entre el 3 y el 5% de los fumadores consiguen dejarlo sin ayuda. Cuando se recurre a profesionales sanitarios, el porcentaje de éxito se incrementa entre el 14 y el 56% al cabo de un año –los resultados varían mucho según el estudio–. Pese a estos datos, solo el 3% de los fumadores recurre a tratamientos farmacológicos para cesar el consumo de tabaco.

¿En qué consiste la vareniclina y cuál es su utilidad?

La vareniclina es un principio activo de descubrimiento relativamente reciente. Fue en 2005 cuando se identificó su potencial utilidad para dejar de fumar por sus efectos farmacológicos. En España comenzó a comercializarse en 2007. Esta molécula es un agonista parcial de ciertos receptores nicotínicos presentes en el cerebro. Es decir, se une a los mismos receptores que la nicotina, y provoca el bloqueo de los efectos de esta sustancia si se encuentra presente en el organismo. Así, este fármaco consigue reducir la sensación de placer al fumar, al inhibir el sistema de recompensa cerebral.

También disminuye el deseo de volver a fumar y los efectos negativos cuando se deja de fumar (síndrome de abstinencia). La vareniclina ha demostrado aumentar el porcentaje de éxito para dejar de fumar tanto en ensayos clínicos como en diferentes poblaciones tras su comercialización, con muy bajo riesgo de efectos adversos graves. En 2013, un metanálisis de la Colaboración Cochrane concluyó que la vareniclina era el tratamiento individual más efectivo para dejar el hábito. En comparación con el grupo de fumadores que tomaban placebo, los tratados con vareniclina tenían hasta tres veces más probabilidades de conseguirlo.

¿Cómo se dispensará la vareniclina financiada?

Según el Ministerio de Sanidad, serán los médicos de Atención Primaria los que, siguiendo un protocolo definido, valorarán su prescripción como ayuda para dejar de fumar. Este medicamento ya era habitual en las consultas de familia como uno de los recursos farmacológicos para este objetivo. El tratamiento estándar tiene una duración de 12 semanas.

¿Cuáles son los efectos adversos?

El efecto adverso más frecuente de la vareniclina son las náuseas. Aproximadamente un 30% de los pacientes que la toman pueden sufrirlas. Entre otros efectos adversos comunes están los dolores de cabeza (para el 18%), mareos, vómitos, gases, insomnio (19%), sueños anormales, problemas gastrointestinales y alteración del gusto.

Es importante señalar que un 13% de los pacientes que consumen vareniclina interrumpen el tratamiento por notar estos efectos adversos. Existen otros graves y raros que generan controversia y dudas sobre si realmente están causados por la vareniclina, y se necesitan más estudios para aclarar su papel. Entre ellos destacan un ligero aumento en el riesgo de padecer problemas cardiovasculares o sufrir eventos neuropsiquiátricos (depresión, agitación, ideas suicidas…).

¿Qué otras opciones médicas existen?

Además de la vareniclina, los tratamientos de primera elección son las terapias sustitutivas de nicotina (TSN) –como parches o chicles de nicotina– y el bupropión, que también han demostrado ser útiles en ensayos clínicos. Una revisión de la organización científica Cochrane, de 2013, observó que la vareniclina era más eficaz que estos otros tratamientos para dejar de fumar, aunque con mayor riesgo de efectos adversos. Se ha visto que la combinación de varios sustitutivos de nicotina es de eficacia similar a la vareniclina.

¿Por qué solo se financia este medicamento?

Diferentes colectivos médicos aprueban la medida en general, pero no comparten la decisión de financiar solo a la vareniclina cuando existen otras opciones igualmente efectivas y más seguras. Lo manifiestan la Sociedad Española de Especialistas en Tabaquismo (SEDET) o la Organización Médica Colegial (OMC). En Navarra, donde llevan años financiando las terapias para dejar de fumar, se incluían tanto la vareniclina, como el bupropión y las TSN, a elección del médico teniendo en cuenta las características del paciente.

También hay que tener en cuenta que para determinados pacientes puede no estar indicada la vareniclina –por enfermedad renal, alergia o embarazo, por ejemplo–, y las otras opciones que se presentan quedarían entonces fuera de la financiación por Sanidad. Javier Padilla, médico y experto en Salud Pública, explica que «es raro que se financie como única opción cubierta por el sistema. Es cierto que parece que la efectividad mantenida del cese del hábito tabáquico con vareniclina es algo mayor que sin nada o con sustitutos de nicotina, pero también los riesgos descritos como efectos adversos, cuyo impacto puede ser mayor si se generaliza su uso y se expande a perfiles de pacientes más variados».

¿Qué se espera con esta financiación?

Es de esperar que esta medida tomada por el Ministerio de Sanidad anime a cierto porcentaje de los fumadores a intentar dejar ese hábito, que soliciten con mayor frecuencia el tratamiento con vareniclina al médico y que parte de ellos consigan dejar el consumo de tabaco con éxito. No obstante, como recuerdan diferentes especialistas, la vareniclina no es una pastilla mágica que consiga que se deje de fumar sin esfuerzo.

La fuerza de voluntad es clave, junto con otras medidas farmacológicas y el apoyo psicosocial (talleres, terapias psicológicas, apoyo familiar y de los amigos…) que refuerzan las probabilidades de éxito para abandonar el consumo de tabaco. Como explica el médico de familia Vicente Baos: «Dejar de fumar es mucho más complejo y hay muchos más factores que el uso de fármacos. Para ninguna adicción, ya sea tabaco, alcohol, cocaína, opiáceos, cannabis, estimulantes, ludopatía… hay un fármaco ‘mágico». Por ello, es importante ser conscientes de que, por mucho que la medicina pueda echar una mano para dejar de fumar, seguirá siendo una decisión que implique sacrificios y esfuerzos.

Nota: artículo original publicado en eldiario.es