«Ahora la guerra la gano yo. Es más llevadero. En los momentos débiles sé que estoy ganado yo». Las palabras de uno de los pacientes ante un grupo de personas que está atravesando por un momento igual de delicado, rebosan optimismo. Han pasado tres meses desde lo que todos llaman el día «D», emulando al famoso desembarco de Normandía, aunque en este caso en lugar de tanques la principal arma es la fuerza de voluntad y la motivación que anima al cambio. Fue el día, marcado con un círculo rojo en el calendario, en que tenían que dejar de fumar, romper los cigarrillos que tenían desperdigados por la casa y tirarlos con todas las fuerzas y las ganas a la papelera. 180 días después, muchos sólo han vuelto a oler la nicotina de refilón.

Desde hace cerca de un año los centros de salud de Marbella y San Pedro Alcántara, en colaboración con el Organismo Autónomo Local y la Asociación Española contra el Cáncer, forman parte de una red local para plantar cara al tabaquismo con resultados, cuanto menos, halagüeños. Desde que se puso en marcha la unidad en los ambulatorios de Leganitos, Las Albarizas y San Pedro Alcántara, 73 personas han reclamado ayuda para dejar de fumar con un porcentaje de éxito del 55 por ciento más de seis meses de abstinencia, esto es, la mitad de las personas que busca ayuda para dejar de fumar de momento ha logrado su objetivo.

Por encima de la media

«En general, en la bibliografía sanitaria, el éxito oscila entre el 20 y el 70 por ciento, con lo que estaríamos por encima de la media», valora Dolores Gámez, enfermera del centro de salud de Las Albarizas que, junto con la médico Carmen Luque, son el «alma mater» de la Unidad de Tabaquismo. Toca reunión de los seis meses y pasar revista a los pacientes para saber si definitivamente el tabaco pasó a la historia. «La gente que llega aquí está ya cribado, digamos que está preparado para la acción», explica la doctora Luque tras la sesión de grupo.

Esta preparación se fragua meses antes. Los pacientes se topan con el sistema sanitario, ya sea a través de su médico de cabecera o por recomendación de terceros, y plantean a su médico su firme propósito de dejar de fumar; un cóctel donde la motivación es vital. «En un principio se realizan tres sesiones de preparación para que conecten con el tabaco, para que se conozcan como fumadores y se preparen para dejarlo», apunta Gámez. No sólo de palabra. La terapia de grupo, en compañía de otras personas que se disponen a dar el mismo paso, y el tratamiento farmacológico adaptado a sus necesidades, ya sea con pastillas, parches, caramelos o chicles de nicotinas, son un bálsamo esencial.

Llega el día «D»

«El apoyo del grupo es fundamental, porque se refuerzan unos a otros», subraya la enfermera de la Unidad de Tabaquismo del centro de salud de Las Albarizas. Los cinco grupos que por el momento se han puesto en marcha en el distrito funcionan siguiendo el mismo patrón: Tres sesiones las tres primeras semanas de preparación para el abandono antes del día «D» -cuando se deja de fumar- y tres sesiones más posteriores para valorar los síntomas de la abstinencia. Le siguen, más espaciados, dos encuentros a los quince días y otros a los tres meses.

A los seis, por último, se realiza una llamada telefónica para supervisar si la nicotina no es más que un recuerdo. Para ello deben manejar, como han aprendido en las terapias, las situaciones de riesgo y racionalizar los posibles peligros. «Hay algunos que el cambio consiguen deshacer algunos mitos sobre el tabaco, como cuando piensan que les relaja», añaden las especialistas. Al contrario de lo que podían pensar de antemano, ahora la ansiedad se controla y canaliza de una forma más racional. Sin malos humos.