Ante la eventual aprobación de la Ley Federal de Protección a los no Fumadores que promueve espacios públicos libres de humo de tabaco, se ha creado un debate sobre las conveniencias de esa normatividad, que aunque es recibida con beneplácito también despierta numerosas dudas.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) en la actualidad existen 1.3 mil millones de fumadores en el mundo, lo que equivale a que 30 por ciento de los adultos son fumadores.

En México 27 por ciento de la población adulta de 18 a 65 años es fumadora, y un tercio está expuesta a los daños producidos por exposición involuntaria al humo de tabaco en el ambiente.

El tabaquismo es una enfermedad crónica de alta reincidencia relacionada con la adicción física y psicológica a la nicotina y es primera causa prevenible de muerte en el mundo, además de que fumar resulta costoso económicamente.

De acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Salud Pública que analiza los costos vinculados con los diversos padecimientos que causa el tabaquismo, se estima que el gobierno federal invierte al año 29 mil millones de pesos en tratar padecimientos relacionados con fumar.

Algunas cadenas de restaurantes han advertido que buscarán amparos contra las nuevas restricciones en los espacios de fumadores, que iniciaron con la aprobación de una ley en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF).

Estas establecen la creación de barreras físicas en los espacios destinados a los fumadores, que debe ser como máximo 30 por ciento del lugar.

Entre los meseros, considerados de los principales fumadores pasivos, las cada vez mayores restricciones son bienvenidas, aunque reconocen que pudiera repercutir en sus propinas, que en la mayoría de los casos es su principal fuente de ingresos.

«Yo fumo, pero sí llega un momento en que tanto humo sí puede resultar molesto. En especial este tipo de restaurante, donde vienen clientes que a veces fuman puro», dijo Gerardo, mesero de una cadena de restaurantes conocida entre aficionados a las corridas de toros.

«A la mayoría de mis compañeros les parece muy bien esta medida, pero también es cierto que los clientes se quedan siempre tomando la copa y fumando, la cuenta es más grande y la propina también. Si ya no dejan fumar pues ya no se van a quedar a echar la copa», comentó.

Sonia Sufian, traductora de 35 años y que fuma desde los 15, reconoce que aunque es necesario proteger a los no fumadores, llegar al extremo de cero tolerancia hacia los consumidores de tabaco, como se establece en el proyecto de ley federal, es una acción autoritaria.

«Estoy de acuerdo en que existan zonas para fumadores y no fumadores, que haya separaciones o extractores de aire especiales, pero la cero tolerancia es algo lamentable, una medida totalitaria», dijo.

«El tabaco es una sustancia legal, no es una droga. Tampoco es como el alcohol, cuyo consumo en exceso altera el comportamiento. «Cuántos accidentes, cuántas vidas se pierden o se ven trastornadas por una persona que choca en estado de ebriedad?», añadió.

Explicó que en su caso personal su hábito de fumar no le ha causado conflictos a nivel familiar o de pareja.

«El asunto es establecer ciertas reglas para la convivencia. Por ejemplo delante de mis padres nunca fumo porque mi mamá tiene problemas de laringe y el humo la hace toser. Con mis hermanos tampoco fumo porque están presentes sus hijos. En casa hay áreas para fumar como la cocina o el estudio, pero nunca fumamos en la
recámara», agregó Sufian.

A su vez, Penélope Mora, abogada de 23 años que fuma desde los 18 y llega a consumir hasta una cajetilla por día, explicó que su hábito de fumar le provocó numerosas discusiones con su ex novio y fue uno de los motivos que llevó al rompimiento de la pareja.

«Mi ex novio casi nunca iba a las reuniones de mi familia porque todas mis tías y mis primas fuman y él se enojaba mucho, no soportaba el humo del cigarro. Cuando íbamos a fiestas los dos juntos si quería fumar me tenía que ir por otro lado, y como fumo mucho pues casi ni pasábamos tiempo juntos».

La joven expuso que su ex novio jamás fumó y no tenía problema alguno en las vías respiratorios que pudiera agravarse por el humo del cigarro, pero su aversión al tabaquismo surgió de un enfisema pulmonar que padece su abuela paterna.

«La abuela de mi ex novio tiene enfisema, ha sido un proceso muy penoso para ella y la familia. Pero la señora nunca fumó, el que fumaba era su esposo y ella fue una fumadora pasiva.

Por eso mi ex novio está obsesionado con eso del cigarro. Y los problemas no son sólo conmigo, a su hermana y a su papá que viven con él los obliga a fumar en el patio», señaló Mora.

Se prevé que el proyecto de ley que prohibiría fumar en lugares públicos sea votado el próximo jueves 21 de febrero en la Cámara de Senadores. (Con información de Notimex/AYV)