Los expertos que atienden el sector y las últimas estadísticas sanitarias coinciden en constatar una creciente relación entre consumo excesivo de drogas (sobre todo cocaína, aunque también otras sustancias de diseño) y el desencadenamiento de trastornos mentales entre jóvenes. Los cuadros de agresividad e irritabilidad son el inicio de un problema que, en los casos más graves, puede desembocar en brotes psicóticos, paranoias, depresiones, esquizofrenias u otras enfermedades mentales. Así lo afirma el psiquiatra Fabricio Potestad Menéndez, director del Centro de Salud Mental del Casco Viejo de Pamplona. Una opinión que ya comparten muchas estadísticas. Así, los pacientes tratados por reacciones adversas de la cocaína en el servicio de urgencias del Hospital de Navarra han pasado de 28 en 2002 y 52 en 2003, a los 88 casos (incremento del 70%) tratados en el último año. Por otro lado, un estudio del INE refleja un aumento del 56% en el número de hospitalizaciones por daño mental provocado por la droga en los últimos cinco años en el Estado, siendo 288 los ingresados en Navarra en 2004.

Los centros de Salud Mental son el punto de inicio en la atención de muchos drogodependientes, desde donde se les deriva a otros dispositivos más específicos, como el centro de día Zuría y las comunidades terapéuticas Antox, Ibarre y Proyecto Hombre. En todos estos lugares se constata ya un cambio en el tipo de consumidor. Y es que, así como hace un tiempo los heroinómanos eran mayoría, en los últimos años se han mantenido, mientras que han aumentado el número de personas enganchadas a la cocaína y a otras sustancias estimulantes como el éxtasis, el speed y otras drogas de diseño. «Cada vez viene más gente que presenta problemas con la cocaína. El número de heroinómanos se mantiene estable, no hay muchos nuevos», explica Potestad. Una situación que se repite en el centro de día Aldatu de Proyecto Hombre, donde en 2005, por primera vez en su historia, más de la mitad de las atenciones estuvieron relacionadas con el consumo de estimulantes (cocaína, speed y pastillas). «Históricamente, el 100% de la tarta lo ocupaban los heroinómanos. Luego descendió al 70%, repartiéndose el resto entre el alcohol y la cocaína. Sin embargo, el año pasado, el 52% de las atenciones estuvieron relacionadas con el consumo de estimulantes, el 26% con la heroína, 20% con el alcohol y el resto con otras», explica Alfonso Arana, director de esta fundación.

Este aumento en el consumo de estimulantes tiene, a su vez, una correlación en el incremento del número de pacientes, atendidos en Proyecto Hombre, que presentan una patología dual, es decir, una adicción y una patología mental severa -psicosis, esquizofrenia, depresión o la anorexia y bulimia-. Casos de estas características también han sido tratados en los Centros de Salud Mental. Así lo confirman el psiquiatra Fabricio de Potestad y la psicóloga Margarita Aguinaga, que trabajan en los dispositivos del Casco Viejo y Ermitagaña, respectivamente. «Me he encontrado con jóvenes con brotes psicóticos asociados al consumo de drogas. Por ejemplo, sobre el cannabis -droga que siempre se ha trivializado-, se sabe que existe una psicopatología asociada a su consumo: la psicosis cannábica», indica Aguinaga. Falta de concentración en los estudios o en el trabajo, apatía, pasotismo e inercia son otros de los síntomas que ocasiona el consumo continuado de marihuana o hachís. «Hay gente que tiene estos síntomas y no sabe porqué. Cuando se descubre que lleva varios años fumándose uno o dos porros diarios se comprenden estas actitudes, señala Potestad, que añade que «el consumo del cannabis se ha banalizado, pero aunque al principio los efectos son más flojos; están ahí». Según explica este psiquiatra, esta droga genera unos depósitos de grasa, «de los que el organismo sólo puede reabsorber el 50% o el 60%. El resto va ocasionando disfunciones».

brotes psicóticos Los primeros síntomas de adicción a la cocaína son los comportamientos de agresividad e irritabilidad. Síntomas que, según asegura Potestad, comienzan a hacer su aparición cuando el consumo es continuado. «A la gente que se mete una raya esporádicamente, un día en una fiesta…, no tiene por qué pasarle nada. Es como cuando la gente se toma una copa o fuma un cigarrillo. No es recomendable, por supuesto, pero los efectos suelen surgir cuando se consume habitualmente», señala Potestad. Los inicios de agresividad que provoca la adicción a la cocaína pueden desembocar, especialmente en los casos más asentados, en problemas mentales severos. «Se pierde capacidad de atención y capacidad intelectual; se producen alteraciones del sueño… Y, en los ejemplos más graves, se pueden desarrollan brotes psicóticos, esquizofrenia, paranoia… Por ejemplo, suelen pensar que se están riendo de él», dice Potestad.

antes el huevo o la gallina Uno de los interrogantes que se hacen los expertos es si la persona que desarrolla una enfermedad mental lo hace porque tenía ya una predisposición intrínseca o es la propia sustancia la que provoca su aparición. Por un lado, los profesionales coinciden en que las drogas son elementos precipitantes del surgimiento de una patología ya existente. «Si escuchas música muy alta a todas horas tienes más posibilidades de quedarte sordo; cuantos más boletos tienes más probable es que te toque. Con la droga pasa lo mismo. Son elementos precipitantes que pueden provocar que la enfermedad aparezca antes, si es que había una situación previa», explica Castiella, responsable del Plan foral de Drogodependencia. Del mismo modo opina Potestad: «El consumo de drogas agiliza la aparición de una patología mental ya presente en los genes del individuo».

Sin embargo, ambos doctores también garantizan que puede provocarla. Así, la mayoría de los drogodependientes no hubiesen desarrollado nunca un problema mental severo de no haber consumido. «Estas sustancias alteran el sistema de recompensa de los neurotransmisores y pueden crear una enfermedad de tipo mental», explica Castiella.

Proyecto Hombre Navarra atendió durante el pasado 2005 a un total de 552 personas por problemas de adicción a las drogas, lo que significa que uno de cada mil navarros ha participado en alguno de los tres programas ya consolidados que ofrece esta fundación. Una cifra que está incrementándose en relación con años anteriores y de la que se desprende un aumento en el consumo de sustancias estimulantes (cocaína, speed y pastillas) y de alcohol, así como un retroceso del número de enganchados a la heroína. Asimismo, destaca el crecimiento de las listas de espera para integrarse en el programa. El programa para adolescentes Suspertu atendió a 152 adolescentes y 175 familias y, lo más destacable, por novedoso, es que cada vez son más las muejres que acuden a Proyecto Hombre (60% hombres y 40% mujeres). Por el centro de día Aldatu pasaron 250 personas, de las que un 45% tenían problemas con el alcohol, un 40% con la cocaína y un 10% con otras sustancias. El tercer programa que desarrolla esta fundación- un internamiento en la residencia Lizarra (en Estella)- atendió en 2005 a 150 personas. Asimismo, desde Proyecto Hombre se aprecia un aumento de las personas con problemas judiciales (de 2003 a 2005 casi se han duplicado).