Pese a tener apenas 14 años, Abraham muestra una madurez impropia para su edad cuando habla. Por primera vez en su vida afronta el verano con alguna asignatura pendiente para septiembre, algo inimaginable para un alumno que hasta el curso pasado acostumbraba a lucir notables y sobresalientes.

Su drama empezó en septiembre del año pasado, con el inicio del nuevo curso. Hasta entonces nunca había sido un gran aficionado a los videojuegos.

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