Conclusiones

  1. La integración, tanto funcional como administrativa, no es solo un proceso deseable, sino además viable, como lo demuestran las experiencias llevadas a cabo en algunas CC. AA.
  2. La integración de la red de drogas no significa, en ningún caso, la desespecialización de la atención a los pacientes drogodependientes ya que los dispositivos asistenciales persistirán como recursos especializados en drogodependencias formando parte de la red sanitaria general.
  3. La integración debe realizarse de manera secuencial, comenzando por la integración funcional para, en el medio plazo, iniciar la integración orgánica, una vez alcanzados los objetivos normalizadores de la primera fase. Hacerlo así permite, además, ganar tiempo para articular fórmulas que posibiliten la incorporación a la Administración autonómica del personal de la red de drogodependencias.
  4. Debe asumirse que la integración de los servicios asistenciales en el sistema sanitario general, además de grandes ventajas y nuevas posibilidades, comportará también algunas dificultades y, quizá, algunos costes adicionales a los que habrá que hacer frente.
  5. La integración que se propone no afectaría, al menos inicialmente, a los programas de prevención y de incorporación social, que continuarían gestionados por la unidad administrativa responsable del plan autonómico sobre drogas correspondiente.