El individuo adicto a una sola sustancia pierde terreno. Y se impone, de forma progresiva y con un incremento «considerable», el perfil del consumidor que desarrolla adicciones simultáneas a varias sustancias que, de algún modo, le proporcionan efectos complementarios. La reducción de las edades a las que estas conductas comienzan a constituir un serio problema de salud es otra de las notas novedosas que ayer pusieron de manifiesto varios expertos en psicología clínica que intervinieron en el VI Congreso Nacional de Trastornos de la Personalidad, que se celebra en Oviedo hasta mañana.En una de las sesiones se analizó la relación entre los trastornos de la personalidad y las adicciones. En concreto, con tres tipos de adicción: al alcohol, a la cocaína y al juego (ludopatía). Esta vinculación entraña una considerable relevancia, pues condiciona el tratamiento que debe aplicarse al paciente, de modo que no cabe hablar de fórmulas estándar.

Las relaciones entre los trastornos de la personalidad y las adicciones son estrechas. «Entre un 30 y un 50 por ciento de los adictos a la cocaína tienen asociado algún trastorno de la personalidad», afirmó Elisardo Becoña, catedrático de Psicología Clínica de la Universidad de Santiago de Compostela, quien precisó que, pese a la «complejidad» de esta asociación, «en muchos casos» se obtienen resultados satisfactorios de los tratamientos disponibles. «No obstante», precisó, «también es cierto que algunas alteraciones de la personalidad impiden avanzar en la mejora del paciente y son responsables de recaídas».

Con el alcohol ocurre algo parecido. Casi la mitad de las personas que sufren dependencia del alcohol presentan un trastorno de la personalidad. Ricardo Bravo de Medina, profesor de Psicología de la Universidad del País Vasco, puso de relieve que los tratamientos «siempre» han de combinar la vertiente farmacológica con la psicoterapéutica. Bravo de Medina destacó, asimismo, la frecuente asociación del consumo de cocaína y alcohol, y, como nota novedosa, apuntó que no se trata de situaciones exclusivas de ámbitos familiares desestructurados, sino que también se dan en «familias funcionales».

Enrique Echeburúa, catedrático de Psicología Clínica de la Universidad del País Vasco, enfatizó que la reducción del espectro de edades de los pacientes afectados por una adicción resulta particularmente significativa en el caso del alcohol.