Hay gente que toma malas decisiones en la vida, como demuestra el hecho de que todavía hay quien quiere convertirse en primer ministro del Reino Unido en pleno Brexit. Más sorprendente aún es que la gran cuestión que ha protagonizado la campaña hasta ahora sea si han consumido drogas. En los últimos meses, unos cuantos candidatos conservadores han confesado haber probado la cocaína, el opio o el cannabis. Cuando eran jóvenes, por supuesto, no unos años después mientras impulsaban estrictas leyes para que cualquier profesor que diera positivo en un test no pudiera volver a trabajar en toda su vida. Su arrepentimiento público abre un debate: ¿puede alguien dedicarse a la política si ha consumido drogas? Una pregunta que ya se ha formulado en otros países.

EEUU: del «no me tragué el humo» a «una raya de vez en cuando»

Tras 12 años de republicanos en la Casa Blanca, la llegada de Bill Clinton al poder en 1992 fue una revolución en muchos sentidos. Era el primer candidato que se atrevía a reconocer que no había sido un marido perfecto (guiño, guiño) y también que había consumido drogas. O algo parecido… En uno de esos juegos de palabras tan suyos dijo que «no había incumplido las leyes de su país», para más tarde reconocer que había «experimentado» con marihuana un par de veces mientras estudiaba en el Reino Unido. Eso sí, en una de las frases más ridículas de su carrera política explicó que «no se había tragado el humo». Los votantes se cachondearon bastante, pero no le pasó factura en las urnas.

Por esa puerta que había abierto Clinton se coló también su sucesor George W. Bush. Ya había reconocido que tuvo problemas con el alcohol antes de «encontrar al señor» tras el fiestón de su 40 cumpleaños. Sin embargo, cuando le preguntaron por los abundantes rumores de consumo de cocaína, prefirió responder con frases como «cuando era joven e irresponsable, era joven e irresponsable». Ni sus votantes más puritanos parecieron reprochárselo. En cuanto a su sucesor, Barack Obama, no dio vueltas ni buscó excusas: parafraseando a Bill Clinton, dijo «yo sí me tragué el humo, se trataba de eso». Y tampoco tuvo problemas en reconocer que había consumido cocaína ocasionalmente en su juventud «una raya de vez en cuando si podíamos pagarla». No tenía mucho sentido ocultarlo dado que lo había contado 13 años antes en un libro.

En general, puede decirse que los estadounidenses han perdonado los escarceos de sus presidentes con las drogas si habían tenido lugar hace tiempo y de forma más o menos ocasional. Incluso en el caso del alcalde de Washington DC Marion Barry, que fue grabado fumando crack mientras ocupaba el cargo, la historia tuvo final feliz para él. Tras dimitir y pasar seis meses en prisión, fue reelegido.

Eslovaquia: la papelina revoltosa

Si hay algo más vergonzoso que ser un político al que le graban drogándose, debe de ser que seas tú mismo el que confiese en directo por televisión, aunque involuntariamente. Más de medio millón de personas han visto en YouTube la comparecencia del primer ministro eslovaco en la que se le cae del bolsillo lo que parece ser una papelina. Él la recogió rápidamente y vete a saber qué era en realidad, pero no es la mejor imagen que puede dar alguien cuyo antecesor ha tenido que dimitir tras el asesinato de un periodista que investigaba las relaciones entre la política y el tráfico de cocaína. Peter Pellegrini sigue siendo primer ministro y aún no ha pasado por las urnas, así que es difícil saber si este incidente le ha pasado factura.

Italia: test de drogas a los diputados

Más sonado fue el caso de Italia. En un país con una aversión natural hacia los políticos, un programa de televisión tuvo la idea luminosa de hacer tests de drogas a los legisladores. Organizaron unas entrevistas falsas a 50 políticos que creían que iban a hablar de temas presupuestarios y, en lugar de eso, las maquilladoras tomaron muestras de sudor para hacer la prueba. El resultado fue explosivo: 16 habían consumido cannabis o cocaína en las 36 horas anteriores a la prueba. Tal fue el escándalo que el episodio jamás se emitió. El canal que lo canceló, por cierto, es propiedad de Silvio Berlusconi.

Australia: confesión por el bien común

La diputada Cate Faehrmann decidió contar hace unos meses que había tomado «ocasionalmente» MDMA. Lo hizo para intentar convencer a sus compañeros de parlamento de que legalizaran los controles sanitarios a las pastillas después de la muerte de varios jóvenes en festivales de música por tomar droga adulterada. Su confesión provocó una ola de curiosidad en todo el país que llevó al jefe de la oposición a reconocer que consumió «algo en sus días universitarios» y a diputados y responsables policiales a que también compartieran sus experiencias. De momento, sigue adelante una comisión de investigación sobre el asunto.

¿Y en España?

Aquí, el presidente Pedro Sánchez ha preferido «pasar palabra» a responder a la pregunta de si se ha fumado un porro. Pablo Iglesias ha dicho que lo hacía «de jovencito» y Albert Rivera que «alguna vez». De Pablo Casado nada se sabe, pero en el PP Rafael Hernando dice que ha probado la marihuana y las anfetaminas. De momento, no ha sido un gran tema de campaña electoral para ninguno de ellos.

Nota: artículo original publicado en eldiario.es