Respirar el humo del tabaco que se fuman otros puede elevar en un 30% el riesgo de enfermedad coronaria si el entorno es el hogar, y puede aumentar aun más si se inhala en el trabajo, donde la concentración suele ser mayor, según informó el Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo en un comunicado.

La corriente «secundaria», es decir, la que procede de la combustión espontánea, contiene más elementos nocivos y presenta un «mayor riesgo» para los fumadores pasivos que «el humo que exhala alguien que está fumando después de haberlo introducido en el organismo», según el doctor Miguel Barrueco, miembro de la Sociedad Española de Neumología (SEPAR)y vicepresidente del Comité Nacional para la Prevención de Tabaquismo (CNPT).

Según los datos publicados recientemente por el SEPAR, más de 700 españoles mueren al año por tabaquismo pasivo. Por eso, Barrueco destaca que el tabaco contiene 4.000 sustancias químicas y 200 venenos conocidos «muy difíciles de acotar y suceptibles de afectar a quien se expone a ellos por el simple hecho de estar al lado de un fumador». Según los datos ofrecidos por el CNPT, muchos estudios muestran ahora que este humo de «segunda mano» puede tener efectos más dañinos de lo que se creía en los no fumadores, llegando a producir cáncer pulmonar.