Los investigadores de NIDA (National Institute on Drug Abuse) han descubierto a través de la técnica FMRI (Functional Magnetic Resonance Imaging) un patrón característico de actividad cerebral en los consumidores durante la realización de un test psicológico basado en la toma de decisiones.

Este estudio revela que las decisiones, más pobres, que adoptaban los consumidores de esta droga correlacionaban con un determinado patrón de actividad en ciertas áreas cerebrales.

El equipo del Dr. Martin Paulus de la Universidad de San Diego, California sostiene como hipótesis que determinado patrón de actividad cerebral en estas regiones estaría también asociado a las recaídas, lo que implica, a su vez, que se tomen decisiones destructivas. Para poder probar esta hipótesis, los investigadores tomaron una muestra de 46 hombres, que siguieron voluntariamente un programa de tratamiento de 28 días de duración, después de haber consumido metanfetaminas durante periodos que comprenden los 3 y 34 años.

Después de que cada uno de los voluntarios se mantuviera abstinente durante cuatro semanas, participaba en dos tests psicológicos. El primero consistía en mirar la pantalla de un ordenador y presionar un botón cada vez que apareciera un símbolo. En el segundo test tenía que predecir si el símbolo aparecería en la parte izquierda o en la derecha de la pantalla.

La diferencia entre las dos tareas era que, mientras en la primera el sujeto sólo tenía que reaccionar al ver el símbolo, en la segunda era necesario decidir en qué parte de la patalla iba a aparecer.

Durante estas dos tareas el equipo del Dr. Paulus grabó los patrones de actividad cerebral de los sujetos que aparecían en la FMRI.

Más de un año después (360-967 días) el equipo del Dr. Paulus pudo contactar con 40 de los 46 sujetos de la muestra, 18 de éstos habían recaído en el consumo de metanfetaminas. El tiempo medio de la recaída se situaba en el día 279.

Comparando los resultados de la FMRI con los sujetos que no recayeron, los investigadores encontraron nueve regiones donde la actividad cerebral de éstos había diferido durante la toma de decisiones.

El grupo que recayó mostraba una menor activación dorsolateral, prefrontal, parietal y de la corteza temporal e insula, regiones que están asociadas a la evaluación y decisión.

Según el Dr. Paulus, los patrones de actividad cerebral predecían recaídas en 17 de los 18 sujetos que habían vuelto a consumir y éxitos en la abstinencia en 20 de los 22 pacientes, que no recayeron.

Las diferencias en la insula derecha, en la cingula posterior derecha y en el gyrus temporal derecho distinguían a los que recayeron de los que no. Otras regiones cerebrales predecían el tiempo de recaída.

«Algunas de estas áreas no habían sido previamente relacionadas con el consumo de drogas», observa el Dr. Steven Grant de la División Clínica de Neurociencias e Investigación Comportamental de la NIDA. «Por ejemplo, mientras otros investigadores han hablado de alteraciones en el lóbulo parietal en relación al consumo de drogas, éste es el primer estudio que muestra que el córtex parietal juega un rol importante.Sin embargo, debido a que hay muchas regiones cerebrales implicadas en la recaída, todavía no tenemos una completa comprensión acerca de qué proceso específico es disfuncional en el grupo que recayó.»

Las implicaciones clínicas de estos nuevos hallazgos son prometedoras pero inciertas. Por ejemplo, ninguna mujer fue incluida en el estudio. «Es importante confirmar los resultados en mujeres, así como también que papel pueden tener otros factores como los sociales, demográficos, etc.», opina Steven Grant.