En el actual contexto, para abordar el consumo de sustancias psicoactivas en todos sus niveles es necesario reconocer la dinámica que se teje a su alrededor. No tener en cuenta esta complejidad puede generar desaliento en padres y educadores e incluso llevar a los mismos consumidores a un juego del cual posiblemente no desearían ser partícipes.

Un caso imposible de imaginar hace cinco años nos aporta hoy una buena oportunidad para reflexionar y abrir nuevas perspectivas sobre esta cuestión. Se trata de algo en apariencia inocente, pero que desde una lectura de salud pública deja de serlo.

Me refiero a la venta de unos alfajores de dulce de leche que, debido a la amplia oferta de este tipo ya disponible, decidieron ingresar al mercado como producto destinado al público juvenil, y más precisamente a aquel que consume marihuana y desea contrarrestar uno de sus efectos no deseados. ¿Dónde ocurre esto? Por ahora, en Uruguay.

Junto con el debate que se instaló en este país en torno de la idea de que el Estado se ocupara de normalizar la producción y comercialización de marihuana, algunos empresarios privados se animaron a ocupar el nicho que genera el “bajón”. Se trata de los “Alfajores Bajoneros Marley” (el logo incluye las sombras del perfil del músico de reggae Bob Marley y de una hoja de marihuana).

El bajón es un momento de malestar previsible, con características particulares según el tipo de sustancia que se consume, que suele ocurrir luego de obtenido el pico del efecto esperado.

El caso del bajón producido por la marihuana, según definiciones de los mismos consumidores, es “ese momento fatídico en el que, por un motivo o por otro, la planta amiga te está llevando a un terreno peligroso, donde tu cuerpo empieza a encontrarse un tanto perdido… ”. “Los síntomas son debilidad y hormigueo por todo el cuerpo. Es el lado oscuro de la marihuana… consiste en una reacción hipoglucémica, cuya intensidad varía dependiendo del estado del cuerpo antes de consumir y de la cantidad y tipo de marihuana que consumas –según su potencia y estructura bioquímica–”.

En consecuencia, los emprendimientos comerciales rápidos y sagaces, atentos a las necesidades de la gente –reales o posibles de promover– y conocedores de la situación de déficit creada por el consumo de esta droga, pusieron a la venta este producto que se ofrece solidario (pero no gratuito) para paliarlo. Como dice el refrán, negocios son negocios.

Aunque no desprovisto de dificultades para imponerse en el mercado (según el dueño de la idea, ha sido rechazada en muchos sitios), este alfajor está disponible en algunos quioscos y supermercados, y se propone hacer crecer sus ganancias ampliando el mercado desde Uruguay hacia otros países.

¿Qué perspectivas puede abrirnos el análisis de este caso? Las relativas a algunas variables que intervienen en la construcción del fenómeno adictivo. También facilita una visión crítica respecto del modo en que operan la sociedad de consumo, en general, y el consumo de sustancias psicoactivas, en particular, sobre los procesos de toma de decisiones con los que se construyen la identidad y autonomía de las personas.

Consideremos algunas de ellas:

1. Para vender un “alfajor bajonero”, la estrategia de marketing asocia la necesidad de comprarlo al déficit creado por el consumo de marihuana durante el “bajón”.

2. La perspectiva de negocio sostenido y próspero que puede ofrecer esta golosina dependería de que las personas sigan interesadas en reducir el bajón por consumo de marihuana, por lo que, de modo más o menos directo, se propiciaría este consumo inicial. Sin marihuana, no hay bajón; sin bajón, no hay necesidad de alfajor.

3. El malestar que produce el “bajón” es banalizado y presentado como amigable respecto de este nuevo consumo (del alfajor). Tal situación deteriora la percepción de riesgo del consumo de marihuana, necesaria para considerar la alternativa de no elegir esta práctica.

4. El ambiente de los consumidores de marihuana, con la aceptación de este producto, estaría reconociendo los efectos negativos que puede producir la sustancia –a los que ellos mismos se exponen–, y aportarían de este modo una nueva evidencia acerca de que su consumo no es inocuo.

5. El uso de símbolos tales como Bob Marley y una hoja de marihuana pretende darle un corte transgresor al producto, en un intento de captar la atención del público juvenil (la franja que consume o tiene amigos que consumen marihuana) y diferenciarse de los otros alfajores ya disponibles. Esta estrategia transgresora sería sólo una máscara de venta, pues la misma dinámica de mercado en la que está inserta expresa su funcionalidad extrema al mismo.

6. La venta de este producto asociado a prácticas no saludables en sitios comerciales convencionales pone en evidencia que quienes se benefician económicamente del consumo de marihuana no son sólo los aparatos del delito organizado, ilegales y marginales, sino todo tipo de empresarios dispuestos a lucrar.

Este circuito de producción, venta, deseo y consumo es similar al de otras sustancias psicoactivas, por lo cual la tendencia actual en materia de promoción de la salud y prevención es facilitar una reflexión crítica sobre ese círculo y desplazar los análisis de tipo lineal.

Al fin y al cabo, si el ser humano demostró que es capaz de hacer que las masas gasten su dinero en productos asociados de manera directa o indirecta al daño, cabe la posibilidad de que le quede algún resto de imaginación para hacer que la gente se entusiasme con el desarrollo de prácticas saludables que, naturalmente, son gratuitas.

Gabriela M. Richard Losano
Psicóloga, directora de la Fundación ProSalud, codirectora del curso de posgrado en Salud Pública, Redes Sociales y Adicciones (UNC)