Mentirosos compulsivos, agresivos y poco afectuosos, destructores de hogares capaces de gastarse lo que no tienen en un juego de azar, tramposos e inmaduros y, sobre todo, enfermos. Así definen ellos mismos, los ludópatas rehabilitados, su pasado de adicción al juego con la liberación de haberlo superado; pero con la conciencia de nunca estar del todo libre. Y es que el que ha sido jugador no puede volver a echar una moneda en una tragaperras nunca más, igual que para el ex alcohólico está prohibido un simple vaso de vino.

Son unas 14.500 las personas que en Valladolid padecen una adicción al juego -sea bingo, casino, tragaperras, loterías o todo ello a la vez, que es lo más frecuente-, y de ellas, no llegan a 2.000 las que se han puesto en manos profesionales para tratar su adicción. Sólo el 11% de estos enfermos está sometido a terapia, el resto no se ha enfrentado a su problema lo que comienza por el reconocimiento de que lo es.

Tratamiento

En Valladolid, al margen de que el adicto pueda ponerse en manos de psicólogos o psiquiatras por su cuenta, sólo existen dos asociaciones que se dediquen a la recuperación de los ludópatas, Ajupareva y la de Miguel Delibes. La primera, más antigua, cuenta con historias clínicas ya de 1.378 pacientes; la segunda, en sus sólo tres años, ya contabiliza 230. Entre ambas, suman ese escaso 11% de enfermos tratados, una cifra, por otro lado, ligeramente superior a la de años anteriores.

Las dos asociaciones destacan asimismo cómo las edades de inicio son cada vez menores y se contabiliza más gente joven adicta al juego. Las memorias de ambas organizaciones de 2001 revelan, en comparación a las del ejercicio anterior, que la edad media del ludópata ha descendido cuatro puntos. En Ajupareva, en la actualidad, está en los cuarenta años y en la de Miguel Delibes, entre 33 y 35 años.

Además, las estadísticas revelan que el 66% de los adictos tienen menos de cuarenta años y el 7% es menor de veinte y hay, incluso, un caso con catorce años.

Bares

El presidente y el vicepresidente de Ajupareva -Asociación de Jugadores Patológicos Rehabilitados de Valladolid- Pedro Sánchez y Francisco Cea, respectivamente, insisten -con motivo de la celebración, el próximo martes, del Día Sin Juego– en la necesidad de eliminar las máquinas tragaperras de los bares y otros locales de hostelería y, especialmente, en que se impida la instalación de las salas de recreativos en las inmediaciones de los centros escolares; ya que son «una invitación contínua a que los estudiantes pasen por ahí y empiezan con los videojuegos y acaban con las tragaperras que están en los mismos locales». Asimismo, advierten de los juegos, bingos y otros de azar de fácil acceso en Internet y que son el principio de lo que luego se puede transformar en una verdadera adicción. Reclaman una especial atención a los niños desde el colegio -con programas de prevención- y, en las familias; ya que «todavía muchos padres acostumbran a sentar a los pequeños junto a una máquina con unas monedas para que se entretengan».

Los jugadores entablan con la máquina tragaperras una auténtica relación emocional y aún después de años de abstinencia, sus sonidos -cuando toca un premio, de la caída de la moneda- o simplemente sus luces suponen una amenaza nunca olvidada para el que ha sido jugador. «Es una adicción sin tóxico -describe Cea- pura. Empiezas cuando un día te toca un premio un poco importante; te parece un chollo para ganar dinero y enseguida te engancha. A partir de aquí, mentir a la familia, en el trabajo, conseguir dinero para jugar porque es una contínua obsesión, llena tu vida. El jugador vive en la constante fantasía de que «hoy es mi día de suerte»».

Es frecuente además que el adicto al juego lo sea también al tabaco y al alcohol: «No sabes si bebes porque juegas o juegas porque bebes», asegura Francisco Cea que ha superado ambas esclavitudes. El fracaso en la terapia, sobre todo cuando se abandona antes de tiempo, también es frecuente y «el 10% vuelve a la asociación -indica Pedro Sánchez- otros no tienen ni el valor de volver».

Más frecuente en hombres que en mujeres, el perfil del ludópata no se ajusta a hogares desestructurados, es más habitual en casados y las tragaperras seguidas del bingo, son los juegos con más personas dependientes.

Los que han pasado por ello advierten de algunos síntomas que deberían desatar la alarma en una familia. Un fracaso escolar llamativo en un habitual buen alumno, las mentiras continuas, el aislamiento, los pequeños hurtos de dinero e incluso robos fuera del hogar y el no poder justificar los gastos son síntomas claros de que el problema ya está ahí y se necesita ayuda.

Más información

Asociación Miguel Delibes

C/ Batuecas s/n

Tel: 983 252 489

Ajupareva

Avenida Valle Esgueva s/n.

Tel: 983 310 317