Todo este recorrido ha sido posible gracias a la implicación de cientos de profesionales que, a lo largo de los años, han sostenido el CAS Baluard con rigor técnico, compromiso ético y una profunda mirada humana.
La guerra contra las drogas lleva décadas sirviendo de coartada para intervenciones que poco tienen que ver con la salud pública o la seguridad internacional.
Las personas jóvenes que han crecido en contextos de desventaja estructural suelen encontrarse inmersas en circuitos institucionales marcados por vacíos asistenciales y carencia en el acompañamiento
El impacto emocional de la abstinencia también deja huellas invisibles. No solo es el cuerpo reclamando una sustancia; es la mente tratando de acomodarse a la pérdida
La falta de formación sobre violencia, consumo y trauma perpetúa un reduccionismo que desvía la mirada hacia las sustancias, culpabiliza a las mujeres y oculta la raíz estructural de la violencia: la desigualdad patriarcal.
Por tanto, nos encontramos con un modelo sanitario cerrado que deja fuera el autocultivo con fines terapéuticos o la dispensación en farmacias comunitarias