Cuando comencé a analizar el fenómeno del consumo de drogas en adolescentes, poco menos que esperaba a unos chicos y chicas alcoholizados y que bebían y se emborrachaban cada vez más. Supongo que las imágenes de alarmismo y catástrofe nacional, a menudo presente en los medios de comunicación, habían hecho su efecto también en mí. Sin embargo, no parece ser esta la realidad y lo que nos cuenta los datos. Así, recientemente la Organización Mundial de la Salud (OMS) a través de uno de sus estudios colaboradores, el estudio Health Behaviours in School-aged Children, ha publicado el  informe Adolescent alcohol-related behaviours: trends and inequalities in the WHO European Region, 2002–2014” en el que se analiza cómo ha evolucionado el consumo de alcohol en adolescentes de 15 años entre 2002 y 2014 en diferentes países de Europa. Entre los factores estudiados en este informe están el consumo semanal, los tipos de bebidas alcohólicas, los episodios de embriaguez, la edad de inicio en la conducta de beber y en los episodios de embriaguez, así como las desigualdades socioeconómicas en el consumo. Todos los aspectos analizados mostraron un descenso en la mayoría de los países. Así, el consumo semanal llegó incluso a reducirse hasta la mitad entre 2002 y 2014. El consumo de cerveza, aunque sigue siendo el tipo de bebida más popular en la actualidad, disminuyó del 29% en 2002 al 8% en 2014. Igualmente, los episodios de embriaguez, así como, el inicio temprano en el consumo (46% en 2002 vs 28% en 2014) o en los episodios de embriaguez (17% en 2002 vs 8% en 2014) experimentaron amplios descensos. Siendo todos estos factores (consumo semanal, episodios de embriaguez y el inicio temprano en el consumo) excepto el inicio temprano en los episodios de embriaguez mayor en adolescentes de familias con buena posición socioeconómica (al contrario de lo que quizás podamos pensar).

Centrándonos en los datos de España (ver infografía) se observa este mismo patrón de descenso en todos los comportamientos relacionados con el consumo de alcohol: consumo semanal (21% en 2002 vs 9% en 2014), episodios de embriaguez (25% en 2002 vs 21% en 2014), inicio temprano en el consumo (37% en 2002 vs 26% en 2014) e inicio temprano en los episodios de embriaguez (9% en 2002 vs 6% en 2014). Y parece que este descenso en el consumo de alcohol adolescente en la última década no está sucediendo solamente en nuestro país o en Europa, sino que tiende a ser un fenómeno global generalizado en todas las regiones, según muestra el último informe de la Organización Mundial de la Salud ‘Global status report on alcohol and health 2018’.

Y todo esto se produce en un contexto social y cultural que fomenta el consumo. Por muchas veces que se diga, no deja de sorprendernos cuánto de presente sigue estando el alcohol en la sociedad actual. Además, aunque hace unos años se regularizara su publicidad en televisión (regularización mínima, también hay que decirlo), su presencia en Internet y en los espacios de la vida diaria es continua. Y lo que quizás pueda chocar aún más es el lugar privilegiado que posee en el mundo del deporte en general, y más concretamente en el fútbol, siendo patrocinador de las mejores competiciones, los mejores equipos y los mejores jugadores (debo reconocer que se me desencajó la mandíbula cuando vi dos días seguidos patrocinando bebidas alcohólicas a uno de los mejores jugadores españoles de futbol de todos los tiempos y un ejemplo a seguir por miles de niños y niñas, adolescentes y hasta personas adultas).

Pero, a pesar de todo ello, las chicas y chicos adolescentes consumen menos alcohol y se emborrachan menos que hace 12 años. Aunque parece que este tipo de noticias no vende tanto como si hubiese ocurrido todo lo contrario. En ese caso, nos bombardearían durante varios días con imágenes impactantes en todas las cadenas y diarios del país. Sin embargo, no ha sido así. El consumo ha disminuido de manera generalizada y nuestros medios de comunicación no han reflejado este hecho.

El mundo adulto intenta adivinar por qué, pero no parece ser del todo fácil ¿Serán las políticas de prevención? ¿Será la ley antibotellón? ¿Será por otras causas? Los estudios no parecen tenerlo muy claro y cada uno confirma o desmiente distintas razones que justifiquen este descenso en el consumo de alcohol adolescente: aumento del uso de las nuevas tecnologías (redes sociales, modos alternativos de socialización, videojuegos online,..), cambios en las normas familiares (mejores relaciones, aumento de la comunicación parento-filial, mayor supervisión parental, comparten más actividades juntos, actitud de los progenitores menos permisiva respecto al alcohol,…), cambios en la sociedad (estilos de vida más saludables, mayor aceptación de la abstinencia, actitud más crítica al alcohol,…), menor disponibilidad de alcohol (edad mínima para comprar, horario reducido de venta, precios más caros,…), inmigración de personas provenientes de culturas menos dadas al consumo, o quizás, y es la que más me gusta, que estos chicos y chicas pertenecen a una generación diferente, con normas, valores, comportamientos e intereses diferentes a las generaciones previas.

¿Con esto debemos entender que ya está todo el trabajo hecho? Evidentemente NO. El consumo de alcohol en general, y en la adolescencia en particular, conlleva importantes consecuencias para la salud física, psicológica y social, relacionándose con el consumo de otras sustancias, los embarazos no planificados, las enfermedades de transmisión sexual, el fracaso escolar, las lesiones, los accidentes, los intentos de suicidios, la violencia e incluso está asociada a causas de mortalidad adolescente. Y por ello, debemos seguir trabajando en esta área. Pero no pueden seguir implementándose los mismos programas que hace 15 o 20 años. Esta generación tiene poco que ver con aquella, tanto quiénes consumen (muchos menos en número que antes) como quiénes no lo hacen. Dado que el contexto y las dinámicas de consumos son diferentes, con alta probabilidad, las razones para consumir también lo sean y, por tanto, la prevención y actuación frente a este consumo debería adaptarse a estas nuevas razones, contextos y generaciones.